El presidente Donald Trump no perdió tiempo en responder a la muerte de dos ciudadanos estadounidenses este mes durante las protestas contra las fuertes medidas migratorias en Minneapolis. A las pocas horas de los incidentes, Trump y otros altos funcionarios de la administración emitieron declaraciones inexactas o sin fundamento; un cambio con respecto a cómo reaccionaron presidentes anteriores en situaciones similares, según nos dijeron los expertos.
Horas después de que un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) disparara y matara a Renee Good el 7 de enero, Trump afirmó que Good “actuó de forma muy desordenada, obstruyendo y resistiéndose, y que luego atropelló violenta, deliberada y brutalmente al agente de ICE, quien parece haberle disparado en defensa propia”. El presidente incluyó un video del tiroteo, grabado a distancia, pero un video más cercano muestra que el agente no fue atropellado.
Luego, horas después de que agentes federales dispararan y mataran a Alex Pretti el 24 de enero, Trump publicó la foto de una pistola y escribió: “Esta es la pistola del pistolero, cargada (¡con dos cargadores llenos adicionales!) y lista para disparar. ¿De qué se trata todo eso? ¿Dónde está la policía local? ¿Por qué no se les permitió proteger a los agentes de ICE? ¿El alcalde y el gobernador los despidieron? Se ha afirmado que a muchos de estos policías no se les permitió hacer su trabajo, que ICE tuvo que protegerse a sí mismo. ¡Algo que no es fácil!”.
Funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) también declararon que Pretti se “acercó” a los agentes con una pistola, se “resistió violentamente” a un intento de “desarmarlo” y “quería causar el máximo daño y masacrar a las fuerzas del orden”. Como ya explicamos, es difícil saber con exactitud qué ocurre inmediatamente después de un tiroteo, pero los videos de transeúntes contradecían la versión del DHS: no muestran a Pretti sosteniendo el arma ni amenazando a los agentes con ella.
El propio presidente suavizó sus comentarios declarando al día siguiente: “Estamos revisando todo y emitiremos una determinación” sobre si las acciones del agente federal estaban justificadas. La División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia ahora investiga el asesinato de Pretti.
Los cuatro expertos con los que hablamos, grupo que incluye a investigadores de comunicación política e historiadores, dijeron que las declaraciones de Trump después de estas muertes marcaron un cambio respecto a las de presidentes anteriores, e incluso respecto de parte de su propia retórica durante su primer mandato.

“Como con tantas otras cosas, sí Trump es extremadamente diferente”, nos dijo en una entrevista Matt Dallek, historiador político y profesor de la Escuela de Posgrado de Gestión Política de la Universidad George Washington.
“Es mucho más extremista y está mucho más alejado de los hechos y la realidad [de lo que ocurre] el terreno”, dijo Dallek, agregando que es importante que no es solo el presidente el que ha adoptado esta postura, sino también sus funcionarios.
Otras personas con las que hablamos dijeron lo mismo.
“Sin duda”, nos dijo Roderick Hart, profesor emérito de comunicación de la Universidad de Texas en Austin, con experiencia en política y medios de comunicación. “Y tiene muy poco que ver con esta situación particular en Minneapolis. Él prioriza la retórica… Y ha elegido a su gente, que comparte exactamente sus mismos instintos”, añadió Hart.
Los presidentes suelen ser juiciosos, sobre todo al reaccionar ante un evento, dijo Hart. Pero “Trump habla incluso antes de que el evento termine”.
Los tiroteos fatales de Minnesota, sin embargo, involucraron a agentes federales, mientras que los ejemplos de presidencias pasadas se refieren a funcionarios estatales o locales.
Por ejemplo, el expresidente Barack Obama (que estuvo en el cargo en un momento en que la ubicuidad de los teléfonos con cámara y el auge de las redes sociales convergieron para llamar la atención sobre asesinatos de hombres y niños negros desarmados) se tomó más tiempo antes de expresar públicamente sus pensamientos.
Una de las primeras ilustraciones de este momento no presentó a un oficial, sino a un voluntario de vigilancia vecinal en el centro de Florida, quien disparó y mató a Trayvon Martin, de 17 años, el 26 de febrero de 2012. Aproximadamente un mes después de eso, en respuesta a la pregunta de un periodista, Obama dijo, en parte: “Bueno, soy el jefe del poder ejecutivo y el fiscal general me reporta a mí, así que tengo que ser cuidadoso con mis declaraciones para asegurarme de que no estemos perjudicando ninguna investigación que se esté llevando a cabo en este momento. Pero, obviamente, esto es una tragedia. Solo puedo imaginar lo que están pasando estos padres. Y cuando pienso en este chico, pienso en mis propias hijas. Y creo que todos los padres en Estados Unidos deberían poder entender por qué es absolutamente imperativo que investiguemos cada aspecto de esto y que todos se unan (federal, estatal y local), para averiguar exactamente cómo sucedió esta tragedia”.
“Pero mi mensaje principal es para los padres de Trayvon Martin”, continuó Obama. “Si yo tuviera un hijo, se parecería a Trayvon. Y creo que tienen razón al esperar que todos nosotros, como estadounidenses, tomemos esto con la seriedad que merece y que lleguemos al fondo de lo sucedido”.
En 2014, un año en el que se produjeron varios asesinatos policiales de alto perfil, Obama esperó tres días para responder públicamente a la muerte el 9 de agosto de Michael Brown, de 18 años, quien fue asesinado a tiros por un agente de policía local en Ferguson, Missouri, lo que desató protestas generalizadas.
En ese momento, Obama dijo: “La muerte de Michael Brown es desgarradora, y Michelle y yo enviamos nuestras más sinceras condolencias a su familia y a su comunidad en este momento tan difícil. Como indicó el fiscal general Holder, el Departamento de Justicia está investigando la situación junto con las autoridades locales y continuará destinando recursos al caso según sea necesario. Sé que los sucesos de los últimos días han generado fuertes conmociones, pero a medida que se conozcan los detalles, insto a todos en Ferguson, Misuri, y en todo el país, a recordar a este joven mediante la reflexión y la comprensión. Debemos consolarnos mutuamente y hablar entre nosotros de una manera que sane, no que hiera. Junto con nuestras oraciones, eso es lo que Michael, su familia y nuestra comunidad estadounidense en general merecen”.
El expresidente esperó tres semanas, cuando le preguntaron al respecto en una entrevista, para comentar sobre la muerte a tiros de Tamir Rice, de 12 años, ese mismo año en Cleveland. En una extensa respuesta a una pregunta sobre cuán responsable consideraba a su administración en la lucha contra los tiroteos policiales, Obama dijo: “Bueno, creo que muchísimo. No solo porque, como presidente, siempre eres responsable de lo que ocurre en este país y tienes que ser parte de la solución, no del problema, sino por mi experiencia particular que aporto a este cargo”.
Y Obama tardó más de cuatro meses en hacer comentarios sobre la muerte de Eric Garner el 17 de julio de 2014 en Nueva York; el expresidente había esperado hasta que un gran jurado decidiera no acusar al agente de policía que había estrangulado a Garner. En diciembre de 2014, Obama dijo, en parte: “Mi costumbre es no comentar sobre casos en los que todavía puede haber una investigación. Pero quiero que todos entiendan que esta semana, a raíz de Ferguson, iniciamos un Grupo de Trabajo cuyo trabajo es entregarme recomendaciones específicas sobre cómo fortalecer la relación entre las fuerzas del orden y las comunidades de color y las comunidades minoritarias que sienten que hay sesgo; que vamos a tomar medidas específicas para mejorar la capacitación y el trabajo con los gobiernos estatales y locales cuando se trata de la vigilancia policial en las comunidades de color; que vamos a ser escrupulosos en la investigación de los casos en los que nos preocupa la imparcialidad y la rendición de cuentas que se están llevando a cabo”.
Antes de la era de los teléfonos con cámara, el caso de Rodney King en 1991 atrajo la atención nacional cuando un hombre en un apartamento cercano filmó en video a la policía de Los Ángeles golpeando a King durante una parada de tráfico.
El entonces presidente George H. W. Bush esperó casi tres semanas antes de hacer comentarios. Entonces, en una declaración preparada el 21 de marzo de 1991, dijo, en parte: “Todos hemos visto esas impactantes imágenes de video y hemos visto las transcripciones del incidente en Los Ángeles. Y sin entrar en los detalles del caso, esas terribles escenas nos incitan a todos a exigir el fin de la violencia y la brutalidad injustificadas. Los agentes del orden no pueden ponerse por encima de la ley que han jurado defender. Esta administración investigará con firmeza las posibles infracciones de la ley federal y procesará a los infractores con todo el rigor de la ley. (…) Me impactó lo que vi en ese video: la violencia. Y en la medida en que el gobierno federal tenga un papel en esto, confío en que haremos todo lo posible para asegurarnos de que se cumpla”.
Yendo aún más atrás, a la década de 1970, Dallek dijo: “Incluso los comentarios de Nixon tras los asesinatos de Kent State fueron mucho más moderados y mesurados que cualquier cosa que Trump haya ofrecido al pueblo estadounidense”.
El 4 de mayo de 1970, el mismo día en que la Guardia Nacional disparó y mató a cuatro estudiantes durante una protesta contra la guerra de Vietnam en la Universidad Estatal de Kent, Ohio, el entonces presidente Richard Nixon emitió una declaración que decía: “Esto debería recordarnos a todos una vez más que cuando la disidencia se convierte en violencia, invita a la tragedia. Espero que este trágico y lamentable incidente fortalezca la determinación de todos los campus del país (administradores, profesores y estudiantes por igual) de defender firmemente el derecho que existe en este país a la disidencia pacífica y de oponerse con la misma firmeza al recurso a la violencia como medio de expresión”.
Cuando cuatro días después se le preguntó en una conferencia de prensa sobre el papel adecuado de la Guardia Nacional (que, en este caso, había sido convocada por el gobernador del estado) Nixon dijo: “Quiero saber cuáles son los hechos. He solicitado los hechos. Cuando los obtenga, tendré algo que decir al respecto. Pero sí sé que cuando se da una situación en la que una multitud lanza piedras y se convoca a la Guardia Nacional, siempre existe la posibilidad de que se intensifique hasta convertirse en el tipo de tragedia que ocurrió en Kent State. Si hay algo con lo que estoy personalmente comprometido, es con esto: vi las fotos de esos cuatro jóvenes en el Evening Star al día siguiente de esa tragedia y juré entonces que íbamos a encontrar métodos que fueran más efectivos para lidiar con estos problemas de violencia, métodos que lidiarían con aquellos que usan la fuerza y la violencia y ponen en peligro a otros, pero, al mismo tiempo, no le quiten la vida a personas inocentes”.
“Creo que hay algunos ecos”, dijo Dallek, comparando las recientes declaraciones de Trump con las de Nixon. Pero Nixon fue mucho más mesurado después, añadió Dallek, y agregó que “nunca calificó a los estudiantes de traidores ni de terroristas domésticos”. (Tras el asesinato de Good, la secretaria del DHS, Kristi Noem, calificó las acciones de Good de “terrorismo doméstico” y Noem usó la misma frase para describir las acciones de Pretti).
Los casos de Minneapolis involucraron a agentes federales
Una distinción entre estos ejemplos anteriores y la situación actual es que los agentes desplegados en Minneapolis son federales, en lugar de estatales o locales, nos dijo en una entrevista Barbara Perry, profesora de gobernanza en el Centro Miller de la Universidad de Virginia, que se enfoca en la presidencia estadounidense.
Dado que la mayoría de los casos anteriores de tiroteos con participación de oficiales implicaban a la policía estatal o local, los presidentes pudieron distanciarse, dijo, y decir que el Departamento de Justicia investigaría.
“Entonces pudieron mantener a distancia el proceso legal mientras expresaban su pesar”, dijo Perry.
De manera similar, Guian A. McKee, profesor de asuntos públicos en el Centro Miller, nos dijo en un correo electrónico: “Las declaraciones de la administración Trump sobre los recientes asesinatos en Minneapolis han sido inmediatas, han sido políticas y han tenido poco respeto por los hechos o la voluntad de esperar hasta que la evidencia sea clara”.
McKee explicó que una razón para ello podría ser que “los asesinatos recientes han sido perpetrados por agentes federales que actuaron como instrumentos de las propias políticas del presidente y las tácticas elegidas para implementarlas. Este no ha sido el caso en la mayoría de las demás muertes relacionadas con las fuerzas del orden, donde los agentes eran estatales o locales. Por lo tanto, las acciones y sus consecuencias recaen mucho más sobre el presidente”.
Cerca del final de su primer mandato, Trump hizo comentarios conciliadores sobre un caso de alto perfil que involucraba a oficiales de policía locales, no a agentes federales.
Dos días después del asesinato de George Floyd el 25 de mayo de 2020, cuya muerte bajo la rodilla de un oficial de policía de Minneapolis provocó protestas generalizadas, Trump escribió en Twitter: “A petición mía, el FBI y el Departamento de Justicia ya están en plena investigación sobre la muy triste y trágica muerte de George Floyd en Minnesota”.
Y, dos días después, el 29 de mayo, al inicio de un evento para líderes empresariales, dijo: “Quiero expresar las más sinceras condolencias de nuestra nación y mi más sentido pésame a la familia de George Floyd. Un suceso terrible. Una cosa terrible, terrible que ocurrió. He solicitado que el Departamento de Justicia agilice la investigación federal sobre su muerte y la haga de inmediato, lo más rápido posible. (…) Nunca debería permitirse que algo así ocurra”.
Traducción de Google Translate editada por Catalina Jaramillo.
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