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RFK Jr. reitera afirmaciones erróneas sobre el recuento espermático y la fertilidad


This article is available in both English and Español

El secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., ha vinculado infundadamente una supuesta disminución del recuento espermático entre los adolescentes con una “crisis de fertilidad” o una “explosión de infertilidad”.

Existen muy pocos datos sobre el recuento espermático en adolescentes, y la evidencia sobre si este ha variado con el tiempo en adultos es contradictoria. En cualquier caso, los expertos nos comentaron que no hay motivos para creer que la disminución del recuento espermático sea la causa de la baja tasa de natalidad en Estados Unidos, para la cual existen explicaciones sociales y conductuales más plausibles.

En al menos una docena de ocasiones desde que asumió el cargo de secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés), Kennedy ha afirmado que se ha producido una drástica disminución en el recuento espermático, alegando que evidencia una crisis de salud. Su interés en este tema se remonta a casi una década.

“Creo que el recuento espermático en los adolescentes de este país ha disminuido un 50%”, dijo en un episodio del 28 de mayo de su recientemente lanzado podcast, tras expresar su preocupación por la “impactante” caída en la tasa de natalidad. “Leí el otro día que los adolescentes de hoy tienen menos espermatozoides que el estadounidense promedio de 65 años”. En un evento el 11 de mayo en la Casa Blanca, habló sobre estadísticas de natalidad y afirmó que existe una “crisis de fertilidad” relacionada con la disminución del recuento espermático en los adolescentes. “Esta es una crisis existencial para nuestro país”, declaró.

Contrariamente a lo que afirma Kennedy, existen muy pocos datos sobre el recuento espermático en adolescentes en la literatura científica. “No se han realizado” estudios que determinen el recuento espermático en adolescentes sanos, nos comentó Dolores Lamb, investigadora de biología reproductiva masculina y urología en el Children’s Mercy Kansas City.

Algunos estudios han revelado una disminución de aproximadamente el 50% en el recuento espermático en los hombres durante el último medio siglo. Kennedy se ha referido a esta investigación o a su cobertura en X en varias ocasiones. El HHS había citado anteriormente estos estudios de 2017 y 2023 para respaldar las afirmaciones de Kennedy, aunque la agencia no respondió a nuestra solicitud de comentarios.

Pero otros estudios no han encontrado tales descensos, y las comparaciones con el pasado se complican por las inconsistencias en la forma en que se cuentan los espermatozoides. “Yo diría que todavía no hay consenso”, nos dijo Allan Pacey, profesor de andrología de la Universidad de Manchester.

En cualquier caso, según los expertos, es poco probable que la disminución de espermatozoides sea un factor determinante en la actual caída de las tasas de natalidad.

“Se espera que la disminución del recuento espermático afecte significativamente las tasas de natalidad de la población solo en una etapa muy avanzada, ya que los hombres tienen múltiples oportunidades para [concebir]”, nos dijo en un correo electrónico el Dr. Hagai Levine, epidemiólogo y médico de salud pública de la Escuela de Salud Pública Hadassah de la Universidad Hebrea, coautor de los estudios citados por el HHS, aunque afirmó que, en su opinión, “la fuerte disminución sí indica que hay un problema”.

Alison Gemmill, epidemióloga reproductiva y demógrafa de la Universidad de California en Los Ángeles, nos explicó que Kennedy está erróneamente confundiendo la disminución de la tasa de fertilidad con una reducción de la capacidad biológica de las personas para concebir. Si bien la tasa de natalidad ha disminuido, afirmó, esto se debe principalmente a un descenso en los nacimientos entre adolescentes y mujeres de veintitantos años.

“Lo que está ocurriendo con las personas adolescentes o en sus 20 años es que esperan más tiempo para tener hijos, utilizan métodos anticonceptivos más eficaces y tienen menos embarazos no deseados”, afirmó. “Por lo tanto, creo que la gran mayoría de las pruebas apuntan a cambios sociales y de comportamiento, más que a cambios biológicos”.

Tampoco se ha producido una reciente “explosión”, como dijo Kennedy, de infertilidad según su definición médica, según nos comentó por correo electrónico Katherine Tierney, profesora adjunta del Departamento de Sociología de la Western Michigan University. Mientras que la tasa de fertilidad refleja la tasa de natalidad en la población, la infertilidad se refiere a la dificultad para concebir.

“La prevalencia de la infertilidad definida médicamente en los EE. UU. se ha mantenido bastante estable a lo largo del tiempo, a pesar del descenso de la fertilidad, lo que pone en entredicho la propuesta de que el aumento de la infertilidad sea un factor importante en el descenso de la fertilidad”, dijo Tierney, basándose en datos de encuestas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).

La incertidumbre sobre el recuento espermático a lo largo del tiempo

Desde hace décadas existe controversia sobre si el recuento espermático en la población está disminuyendo.

En 1992, investigadores daneses recopilaron los datos disponibles y realizaron un metaanálisis, un tipo de estudio que combina datos de múltiples estudios previos sobre un mismo tema. Los investigadores concluyeron que la concentración de espermatozoides había disminuido en más del 40% entre 1940 y 1990. (El término recuento espermático abarca dos medidas relacionadas: la concentración de espermatozoides, o la cantidad de espermatozoides por mililitro de semen, y el recuento total de espermatozoides, o el número de espermatozoides por eyaculado).

Shanna Swan, epidemióloga ambiental especializada en reproducción de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, nos comentó por correo electrónico que el estudio de 1992 era “muy sólido”, y añadió que se vio “reforzado aún más” por un reanálisis de los datos que ella publicó cinco años después. Según el estudio, ella y sus coautores hallaron un descenso “aún más pronunciado” en el recuento espermático en Estados Unidos y Europa. (Posteriormente, Swan fue coautora de estudios más recientes junto con Levine que también mostraron un descenso en el recuento espermático).

Sin embargo, Lamb criticó el estudio de 1992 por incluir relativamente pocos datos de los primeros años del período cubierto, entre otras cuestiones, y afirmó que los autores “dan por sentado que los datos publicados en estos artículos son exactos y precisos”. 

De hecho, contar los espermatozoides es bastante complicado, nos dijeron Lamb y Pacey.

Foto de Andriy Bezuglov / stock.adobe.com.

Durante gran parte de este período de estudio, hubo poca estandarización en el recuento espermático, explicó Pacey en un editorial de 2013. La Organización Mundial de la Salud publicó directrices en 1980, seguidas de múltiples revisiones. Pero incluso después de esto, los estudios demostraron que muchos laboratorios no seguían las directrices y que existía una variación sustancial en los recuentos entre laboratorios, incluso cuando todos analizaban la misma muestra.

El eyaculado es una mezcla de fluidos de diferentes glándulas, explicó Pacey. “Es un fluido viscoso, por lo que es muy difícil de pipetear”, añadió, y existen varios pasos en el análisis de esperma que pueden introducir errores.

Lamb explicó que, en teoría, se deben contar los espermatozoides en cámaras de vidrio especializadas con una rejilla, después de diluir el semen e impedir que se muevan. Sin embargo, en algunos laboratorios se utilizan cámaras desechables para evitar la limpieza o no se logra inmovilizar correctamente a los espermatozoides.

Pacey afirmó que preside un comité asesor del Reino Unido para un programa nacional de control de calidad del recuento espermático, y que aún existe una gran variabilidad entre los laboratorios que analizan la misma muestra. “Eso me preocupa en cuanto a la precisión de los resultados del recuento espermático que publicamos en los artículos”. 

Pacey añadió que el recuento espermático puede variar incluso en la misma persona dependiendo de diversos factores, como el tiempo transcurrido desde la última eyaculación y el nivel de estimulación sexual, lo que complica los análisis. Lamb, por su parte, afirmó que el recuento espermático es un rasgo genético y varía geográficamente. “Es simplemente biología”, y no significa que las zonas con menor recuento espermático tengan necesariamente mayor infertilidad, concluyó.

Los estudios sobre recuento espermático de Swan y Levine de 2017 y 2023 analizaron datos más recientes que el estudio de 1992, excluyeron los estudios que informaban sobre métodos no estándar, excluyeron a los hombres con infertilidad conocida o con exposiciones implicadas en la infertilidad y, en general, trataron de abordar las críticas anteriores.

Según Levine, el recuento espermático “ha disminuido entre un 50% y un 60% a nivel mundial entre 1973 y 2018, incluyendo Norteamérica (principalmente Estados Unidos)”.

Lamb afirmó que el rigor del estudio de 2017 había mejorado “un poco”, pero que aún presentaba problemas, como los relacionados con el recuento espermático.

A pesar de las mejoras introducidas en el estudio de 2023, que incluyó nuevos datos y análisis, “los datos deficientes siguen siendo datos deficientes”, afirmó Lamb. Añadió que los autores no tienen en cuenta “los problemas metodológicos, la falta de estandarización en la realización de los análisis de semen y los cambios en los métodos a lo largo de los años”.

Otro metaanálisis de 2023 realizado por diferentes investigadores que examinaron estudios sobre el recuento espermático en los EE. UU. y Europa Occidental entre 1993 y 2018 no encontró un cambio significativo durante este período, incluso cuando se observó específicamente en los EE. UU.

Otro metaanálisis realizado por otro grupo de investigadores en 2025 revisó la literatura sobre el recuento espermático en Estados Unidos y halló recuentos que, según sus autores, se mantuvieron “notablemente estables” entre 1970 y 2018. En general, los investigadores no encontraron cambios ni aumentos en las distintas medidas del recuento espermático, con la excepción de una disminución en la concentración de espermatozoides, tras ajustar por región y estado de fertilidad, que fue “menos de la mitad de la disminución anual observada en metaanálisis globales anteriores”, escribieron los autores.

Pacey afirmó que los resultados de distintos metaanálisis pueden variar debido a las diferencias en los métodos, el período de tiempo y las poblaciones estudiadas. Lamb comentó que el artículo de 2025 estaba particularmente bien elaborado, explicando que excluyó muchos estudios que no cumplían con sus “criterios de rigor, diseño experimental sólido, datos originales, tamaño de la muestra, etc.”.

Cuando tres metaanálisis diferentes y de gran envergadura “dicen cosas distintas, yo diría que no hay consenso”, afirmó Pacey, añadiendo que personas como Kennedy “seleccionan los datos que les convienen para que se ajusten al argumento que están presentando en ese momento”. 

En cualquier caso, Pacey afirmó que no cabría esperar que la disminución de espermatozoides que han reportado algunos estudios contribuyera significativamente a la baja de las tasas de natalidad. “En promedio, sigue siendo una disminución de lo normal a lo normal”, concluyó. 

“Cuando analizamos estudios mejor realizados, encontramos indicios de una posible disminución, especialmente a largo plazo”, afirmó Gemmill refiriéndose a la literatura sobre el recuento espermático. “Pero la conclusión principal es que, al considerar esta medida, los niveles de recuento espermático aún no parecen tener un impacto significativo en la capacidad de concebir”.

Falta de evidencia para realizar comparaciones entre adolescentes

Kennedy ha comparado repetidamente a los adolescentes de hoy con hombres mayores, afirmando que “la fertilidad de nuestros hijos ha disminuido” y que los adolescentes tienen la mitad del recuento espermático que un hombre de 68, 65 o 60 años de edad.

“Estamos presenciando un aumento drástico de la infertilidad”, afirmó en un evento en Virginia Occidental en marzo de 2025, por ejemplo. “Los adolescentes de hoy tienen el 50% del recuento espermático” que tienen los hombres de 68 años, añadió.

A pesar de esta retórica, simplemente no existen datos sobre el recuento espermático que comparen a adolescentes de la población general con hombres de sesenta años.

“No se han realizado estudios que midan eso directamente”, dijo Lamb, porque los grupos que revisan los estudios con sujetos humanos para instituciones no van a “obtener el consentimiento de los padres para que sus hijos se masturben con el fin de recolectar muestras de semen” en una clínica.

Indicadores como el recuento total de espermatozoides y el volumen disminuyen a medida que los hombres envejecen.

Existen pocos datos sobre el recuento espermático en adolescentes con problemas de salud que han proporcionado muestras de semen. Lamb participó en un estudio que comparó el recuento espermático en adolescentes y adultos que almacenaban muestras de semen antes de un tratamiento oncológico que podría afectar su fertilidad. El estudio halló recuentos de espermatozoides ligeramente inferiores en el grupo de menor edad que en los adultos.

Pero Lamb afirmó que este estudio no tenía como objetivo establecer recuentos de espermatozoides normales para adolescentes, sino comprender mejor qué pueden esperar los pacientes muy jóvenes sometidos a preservación de la fertilidad. “Es importante tener en cuenta que estos chicos estaban gravemente enfermos”, dijo, y sus conteos espermáticos no pueden considerarse representativos.

También se han realizado comparaciones de datos sobre el recuento espermático en hombres jóvenes considerados para el servicio militar, algunos de ellos técnicamente adolescentes, y en hombres algo mayores. Investigadores en Dinamarca, algunos de los cuales fueron coautores del artículo de 1992 que mostraba una disminución en el recuento espermático, realizaron un seguimiento del recuento espermático de hombres jóvenes que se presentaron para un examen médico con una edad media de 19 años entre 1996 y 2010. Descubrieron que el recuento espermático de estos jóvenes adultos era inferior al de dos grupos: recuentos de espermatozoides recogidos entre 1996 y 1998 de hombres cuyas parejas estaban embarazadas, y recuentos de espermatozoides de 1939 a 1943 en hombres que formaban parte de parejas infértiles.

Los hombres de los grupos de comparación tenían en su mayoría entre 20 y 30 años, no más de 60. Sin embargo, los autores del estudio sí expresaron su preocupación por un posible declive generacional, señalando que “hay motivos para preocuparse por la fertilidad futura de los jóvenes daneses”. No obstante, el estudio demostró que el recuento espermático en los sucesivos grupos de hombres jóvenes que se sometieron a examen aumentó a lo largo de los 15 años que duró el estudio.

“Si se quiere realizar el mejor estudio posible, se debería llevar a cabo un estudio prospectivo en el que se reclutaran activamente nuevos grupos de hombres cada año, con edades, estilo de vida y características demográficas similares, y se les hiciera un seguimiento a lo largo del tiempo para observar si el recuento espermático disminuye”, explicó Pacey. Eso es lo que hizo el estudio danés al analizar a posibles reclutas militares. Y, según él, no se observó una disminución en el recuento espermático.

Mientras tanto, afirmó que, en su opinión, los investigadores habían “sobreinterpretado” los datos sobre los jóvenes aspirantes al compararlos con los datos recopilados en diferentes grupos de hombres. “Si los datos retrospectivos muestran una cosa y los datos prospectivos otra, eso sugiere que tenemos un problema de datos más que un problema biológico”, dijo, y añadió que no cree que “el estudio sea un indicio de una disminución en la calidad del esperma en los hombres jóvenes”.

¿Por qué la gente está teniendo menos hijos?

Independientemente de las tendencias en el recuento espermático, los demógrafos afirman que existen otros factores que probablemente estén llevando a las personas a tener menos hijos, a pesar de que Kennedy lo haya relacionado repetidamente con la disminución del recuento espermático o la infertilidad.

“Tenemos tasas de fertilidad que se desploman”, le dijo a Jesse Watters durante una entrevista con Fox News en abril de 2025, haciendo referencia a una caída del 50% en el recuento espermático. “La tasa de fertilidad se está desplomando”, afirmó en una conferencia de prensa en junio de 2025, mencionando nuevamente una reducción a la mitad en el recuento espermático.

“No hay ninguna razón en particular para pensar que los factores fisiológicos sean una causa importante de [la disminución de las tasas de natalidad], cuando sabemos que hay muchos factores sociales que podrían estar contribuyendo”, nos dijo Sarah Hayford, directora del Instituto de Investigación Demográfica de la Universidad Estatal de Ohio.

Según explicó, en términos generales, las tasas de natalidad han estado disminuyendo durante 150 años en los países de altos ingresos. En Estados Unidos, se produjo un descenso en la década de 1970 tras el “baby boom”, seguido de tasas de natalidad “bastante estables” hasta principios de la década de 2000, gracias a una tasa de natalidad adolescente relativamente alta en comparación con otros países de altos ingresos. Las tasas de natalidad volvieron a descender durante la Gran Recesión de 2007 a 2009 y, para sorpresa de los demógrafos, continuaron bajando, principalmente debido a la disminución de nacimientos entre adolescentes y jóvenes de veintitantos años, sobre todo entre personas no casadas.

Las tasas de fertilidad se miden de diversas maneras, pero una de ellas consiste en estimar cuántos hijos tendría una mujer, en promedio, a lo largo de su vida, utilizando las tasas de natalidad actuales para distintos grupos de edad, lo que se conoce como tasa de fertilidad total. Según esta medida, la tasa de fertilidad en 2024 descendió a un mínimo de 1,6 hijos por mujer, de acuerdo con datos de los CDC. Los datos provisionales de los CDC sobre las tasas de natalidad de 2025 indican que continuaron disminuyendo.

Al parecer, Kennedy se ha referido a estas estadísticas de los CDC, así como a las estimaciones de la Administración del Seguro Social sobre las tasas de fecundidad total, al hablar de la disminución de la tasa de fecundidad.

“Cuando mi tío era presidente, la tasa de fertilidad en este país era del 3,5%”, dijo en un evento sobre tratamientos de fertilidad en la Casa Blanca en octubre de 2025. “Hoy es del 1,6%”. Luego afirmó que el adolescente estadounidense promedio tiene la mitad del recuento espermático que un hombre de 65 años.

Hayford afirmó que probablemente existen múltiples cambios sociales y de comportamiento que, en conjunto, influyen en las tasas de natalidad desde la Gran Recesión. En el caso de las adolescentes, señaló, “parece bastante claro que se debe al mayor uso de anticonceptivos”, en particular de métodos de larga duración como los dispositivos intrauterinos y los implantes.

Mientras tanto, factores económicos y de otra índole han influido en las decisiones de las personas con respecto a la maternidad y paternidad.

Según Hayford, un posible factor es la sensación de inseguridad económica que nunca desapareció del todo tras la Gran Recesión, a pesar de la recuperación macroeconómica. Añadió que también se ha producido un descenso en la tasa de matrimonios.

“La incertidumbre global ha aumentado, al igual que la incertidumbre general sobre el futuro”, afirmó Gemmill, de la UCLA. “Hemos visto numerosos estudios que demuestran que esto también está relacionado con las decisiones y la ambivalencia respecto a tener hijos”. 

Gemmill agregó que los estudios han demostrado un aumento en la “crianza intensiva”, es decir, la idea de que las personas sienten que “necesitan dar mucho más o (…) tener más recursos para poder criar hijos en los Estados Unidos”. Al mismo tiempo, señaló que las personas están experimentando dificultades económicas en el mercado inmobiliario, el costo del cuidado infantil y la disponibilidad de licencia familiar remunerada.

También existe una tendencia a que la gente permanezca más tiempo en la escuela y obtenga una mayor formación académica, dijo Hayford.

En los periodos en que la edad de los hijos cambia y se retrasa, es probable que la tasa de fecundidad total subestime el número de hijos que tendrán las mujeres al final de su edad fértil, dijo Hayford, ya que algunas personas podrían “ponerse al día”.

Al mismo tiempo, retrasar la maternidad suele conllevar un menor número total de hijos, ya que las personas tienen “más probabilidades de tener problemas” de fertilidad, explicó Hayford. Además, las personas tienden a “reducir sus intenciones de tener hijos a medida que envejecen”, en función de otros factores que influyen en sus vidas, añadió.

Pero, aparte del declive relacionado con la edad en la capacidad biológica para tener hijos, los expertos rechazaron la idea de que haya habido un aumento importante de la infertilidad, o de la tasa de personas que tienen dificultades para quedar embarazadas.

En primer lugar, Hayford afirmó que el hecho de que la disminución de la tasa de fertilidad se concentre en personas solteras “indica que probablemente no se trate de procesos fisiológicos”. Si existiera alguna exposición química “que redujera la fertilidad, cabría esperar que se observara tanto en personas casadas como solteras”, añadió. 

Además, los datos disponibles sobre la infertilidad en Estados Unidos no indican ningún aumento significativo.

Según Gemmill, es “muy difícil” medir la capacidad biológica para tener hijos a lo largo del tiempo. Sin embargo, cuando los investigadores han intentado hacer un seguimiento de la tasa de estadounidenses que cumplen con la definición médica de infertilidad, “no hay mucha variación”, afirmó, refiriéndose a la Encuesta Nacional de Crecimiento Familiar de los CDC.

Varios estudios que utilizaron estos datos analizaron la tasa de infertilidad (definida como la ausencia de embarazo tras 12 meses de relaciones sexuales regulares y sin protección) entre mujeres casadas o que convivían en pareja. Los estudios no hallaron cambios significativos entre 1995 y 2019 o, en un caso, un ligero aumento entre la primera y la segunda mitad de la década de 2010.

Otro estudio que utilizó este conjunto de datos analizó cuánto tiempo informaron las mujeres que llevaban intentando quedar embarazadas, sin encontrar cambios significativos en general entre 2002 y 2017. El tiempo hasta el embarazo aumentó ligeramente con el tiempo para las mujeres que ya tenían hijos y para las mayores de 30 años.

El hecho de que ambas medidas de infertilidad utilizadas en estos estudios “muestren pocos o ningún cambio en la infertilidad definida médicamente ofrece pruebas contundentes en contra de la idea de una ‘explosión’ de infertilidad”, dijo Tierney, a pesar del aumento en la tasa de personas que buscan tratamiento para la infertilidad y un pequeño aumento en la percepción que tienen las personas de que son infértiles.

Nada de esto implica restar importancia a la necesidad de comprender mejor la infertilidad y la salud reproductiva, afirmó Gemmill.

“Creo firmemente que necesitamos más investigación sobre los contaminantes ambientales, el esperma y la salud reproductiva”, afirmó. “Pero no creo que sea suficiente, al menos según los estudios en humanos que he visto, para que tenga un impacto en las tasas de natalidad a nivel poblacional. Lo que está sucediendo en Estados Unidos ahora mismo se debe a un cambio social”.


Traducción de Google Translate editada por Catalina Jaramillo.

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