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Políticos afirman que el herbicida glifosato causa cáncer, pero la evidencia no es concluyente


This article is available in both English and Español

Tras una orden ejecutiva de la administración Trump que promueve la producción de glifosato, algunos demócratas han afirmado que el herbicida causa cáncer. Pero la evidencia científica es compleja. Si bien existe cierta evidencia que vincula al glifosato con cánceres en animales de laboratorio o con un tipo de cáncer de la sangre, el linfoma no Hodgkin, en trabajadores agrícolas, los resultados han sido inconsistentes.

Los organismos reguladores de todo el mundo, incluida la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), han llegado a la conclusión de que es poco probable que el glifosato suponga riesgos cancerígenos.

En una orden ejecutiva del 18 de febrero, el presidente Donald Trump promovió la producción de herbicidas a base de glifosato (creado originalmente en 1974 por Monsanto para el herbicida Roundup) como necesarios para la seguridad nacional. Esta medida fue vista por muchos como contraria al movimiento Make America Healthy Again (MAHA), que generalmente se opone a los pesticidas, y en particular al glifosato. Bayer, que adquirió Monsanto en 2018, es la única empresa que fabrica glifosato en Estados Unidos, aunque también existen versiones genéricas importadas.

El secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., líder de facto de MAHA, ha afirmado por mucho tiempo que el glifosato causa cáncer, pero ahora defendió la orden ejecutiva.

Los demócratas no tardaron en percatarse de la contradicción y formularon sus propias afirmaciones sobre el glifosato.

“Esta orden ejecutiva es una bofetada para los miles de estadounidenses que han contraído cáncer a causa del glifosato”, declaró el senador Cory Booker, demócrata de Nueva Jersey, en un comunicado del 19 de febrero. 

Mientras tanto, el senador demócrata Ed Markey, de Massachusetts, mencionó el glifosato durante la audiencia de confirmación del nominado a director general de salud pública, el 25 de febrero, afirmando que Trump está “poniéndose del lado de la empresa fabricante de productos químicos que, de hecho, está causando cánceres”.

Aunque defendió la medida de Trump, Kennedy ha seguido señalando que el glifosato es peligroso. Por ejemplo, en una aparición el 27 de febrero en el programa “Joe Rogan Experience”, mencionó la relación con el linfoma no Hodgkin (LNH), el cáncer de sangre detectado en algunos estudios en personas que aplican glifosato.

Otros republicanos, como la representante Nancy Mace de Carolina del Sur, también han reaccionado, aunque en su caso su afirmación sobre el cáncer fue más suave, diciendo que el glifosato solo “se ha relacionado” con el cáncer.

“El glifosato y otros pesticidas no deberían estar en nuestros alimentos ni en el cuerpo de nuestros hijos”, escribió en una publicación del 8 de marzo en X. “Nos estamos envenenando sistemáticamente”.

Hay pocos indicios de que el glifosato cause cáncer en las mínimas cantidades presentes en los alimentos. Algunos estudios han identificado asociaciones entre la exposición al glifosato y el cáncer, ya sea en humanos que utilizaron el herbicida o en animales expuestos en el laboratorio. Sin embargo, los hallazgos han sido inconsistentes y los investigadores han llegado a conclusiones diferentes sobre la evidencia en general.

Un amplio estudio de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) que evaluó la exposición en trabajadores agrícolas, publicado en 2017, no encontró ninguna relación entre el glifosato y el linfoma no Hodgkin u otros tipos de cáncer. Esta falta de una conexión concreta ha llevado a muchos organismos reguladores a concluir que es improbable que el glifosato cause cáncer.

Al mismo tiempo, un informe de 2015 ampliamente citado de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la Organización Mundial de la Salud consideró que el glifosato era “probablemente cancerígeno para los humanos”, basándose en datos de animales de laboratorio y en evidencia “limitada” del mundo real que vinculaba el glifosato con el cáncer en humanos.

“El panorama general con el glifosato es confuso”, nos dijo David Eastmond, profesor emérito de la Universidad de California, Riverside, quien estudió toxicología genética y carcinogénesis química. Eastmond formó parte, en 2016, de un comité de la OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) que concluyó que era improbable que la exposición humana al glifosato en la dieta causara cáncer. “Los estudios en humanos son confusos, los estudios en animales son confusos, los estudios mecanicistas son confusos. Y uno intenta sacar conclusiones dentro de esa confusión, y diferentes personas las interpretan de diferentes maneras”.

A continuación, repasaremos las pruebas sobre el glifosato que han evaluado los organismos reguladores y otros actores, así como las pruebas más recientes que se están considerando.

Amplia exposición, pero escaso consenso sobre los riesgos

Los herbicidas a base de glifosato son los más comúnmente utilizados en el mundo. Por lo tanto, un gran número de personas entra en contacto con ellos, al menos en alguna cantidad. 

El monitoreo realizado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) ha revelado que la mayoría de las personas presentan niveles detectables de glifosato en la orina. Sin embargo, los investigadores de la agencia han señalado que esto, por sí solo, “no significa que el glifosato cause enfermedades o efectos adversos”. El glifosato no se acumula significativamente en el organismo y se elimina rápidamente.

Un agricultor francés rocía un campo de maíz con Roundup, un herbicida a base de glifosato. Foto de Jean-Francois Monier/AFP vía Getty Images.

Los trabajadores agrícolas son quienes tienen mayor exposición al glifosato. El químico también se encuentra en pequeñas cantidades en diversos alimentos, especialmente cereales y legumbres. Se ha observado que las personas que viven cerca de los campos donde se fumigan presentan niveles elevados de glifosato en la orina, en comparación con quienes viven más lejos.

Además de utilizarse en explotaciones agrícolas, los herbicidas a base de glifosato se vendían anteriormente para uso residencial, aunque a partir de 2023 Bayer ha comercializado nuevos productos que incluyen herbicidas distintos del glifosato, alegando la necesidad de “reducir aún más el riesgo de futuros litigios”.

A pesar de estos litigios, no está claro qué impacto tiene la exposición a los herbicidas a base de glifosato (diseñados para interferir con una vía metabólica clave compartida por las plantas y algunos microbios, pero no por los humanos) en las personas y en qué medida.

El glifosato no es muy tóxico a corto plazo. Los científicos pueden evaluar la toxicidad aguda de una sustancia química administrándola a roedores y midiendo la dosis a la que muere la mitad de los animales. Se necesitan más de 4.000 miligramos de glifosato por kilogramo de peso corporal para matar a la mitad de las ratas; esto significa que el glifosato es menos precisamente tóxico a corto plazo que la sal de mesa. Sin embargo, en el caso del cáncer, los científicos están interesados en los efectos a largo plazo.

Algunos investigadores afirman que la evidencia general indica que el glifosato puede causar cáncer. “El glifosato y los herbicidas a base de glifosato (HBG) perjudican la salud humana y pueden causar cáncer”, escribió un grupo de 50 médicos, científicos y otras personas, entre ellas la activista de MAHA, Kelly Ryerson, en un comunicado del 27 de marzo. “La evidencia exhaustiva respalda esta conclusión y la evidencia epidemiológica más sólida vincula la exposición con un mayor riesgo de linfoma no Hodgkin, un cáncer del sistema linfático”. El comunicado se emitió tras un simposio sobre los efectos del glifosato en la salud, celebrado en la Universidad de Washington, que reunió a investigadores académicos y gubernamentales, consultores, abogados y representantes de organizaciones sin fines de lucro.

Otros se han mostrado menos convencidos, incluyendo, como ya hemos mencionado, a los organismos reguladores de diversas regiones y países, como CanadáJapón y la Unión Europea. Algunos epidemiólogos y comunicadores de salud han señalado que, por lo general, los riesgos de cáncer en roedores se han observado a dosis superiores a las que una persona suele estar expuesta a través de su dieta, si bien reconocen que podría haber motivos de preocupación para las personas con exposiciones más extremas. Y, como ya hemos indicado, un amplio y riguroso estudio epidemiológico en humanos no mostró ninguna asociación entre el glifosato y el cáncer.

Para complicar aún más este debate, por mucho tiempo ha existido preocupación por la influencia que Monsanto pudo haber ejercido sobre la literatura científica relativa a la seguridad de su producto. (Bayer adquirió Monsanto en 2018). En diciembre, una revista retractó un artículo de revisión del 2000 sobre la seguridad del glifosato porque un empleado de Monsanto sugirió en un correo electrónico interno que había sido escrito por una persona pagada para escribirlo.

En un comunicado del 4 de diciembre, Bayer afirmó que la participación de Monsanto en el artículo del 2000 “no alcanzó el nivel de autoría y se divulgó adecuadamente en los agradecimientos”. En un comunicado que nos fue enviado por correo electrónico, un portavoz de Bayer enfatizó la seguridad y las exhaustivas pruebas a las que se han sometido los productos de la compañía a base de glifosato: “Lo cierto es que ningún organismo regulador de la salud en el mundo ha encontrado que el glifosato represente una amenaza para la salud humana”.

Mientras tanto, tras la designación del glifosato como “probablemente cancerígeno” por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS (IARC, por sus siglas en inglés) en 2015, personas con linfoma no Hodgkin, con la ayuda de abogados, incluido Kennedy, interpusieron miles de demandas contra Bayer alegando daños causados por Roundup. (Un asesor de Booker, el senador de Nueva Jersey, nos comentó por correo electrónico que “la estimación de que miles de estadounidenses han contraído cáncer a causa del glifosato está respaldada por las demandas presentadas por miles de personas en Estados Unidos que desarrollaron cáncer tras usar herbicidas a base de glifosato”).

El 17 de febrero, Bayer propuso un acuerdo de 7.250 millones de dólares para resolver los casos actuales y futuros. Mientras tanto, la Corte Suprema escuchará este mes los argumentos sobre si las personas pueden presentar demandas contra Bayer bajo la ley estatal por no advertir sobre los riesgos en las etiquetas de los productos que contienen glifosato. (La administración Trump presentó un escrito de amicus curiae el 1 de diciembre en apoyo de la postura de Bayer). Diversos grupos de defensa también han impugnado las conclusiones de la EPA. Se espera que la EPA emita una decisión revisada en octubre.

“Este año, la EPA llevará a cabo una revisión científica exhaustiva, transparente y rigurosa del glifosato para evaluar su uso y garantizar que las decisiones estén plenamente alineadas con la mejor ciencia disponible, así como con la salud humana y la protección del medio ambiente”, nos dijo un portavoz de la EPA por correo electrónico.

El litigio relacionado con el glifosato ha llevado a que científicos actúen como peritos para ambas partes.

“Todos tenemos prejuicios en cierta medida, pero algunos están influenciados por factores externos”, dijo Eastmond. Mencionó los casos del estudio pagado de Monsanto, así como los conflictos que pueden surgir al testificar como perito. “Si uno trabaja para una de las partes, tiende a estudiar e investigar para respaldar ese punto de vista”, afirmó. Añadió que no tiene conocimiento de ningún conflicto de intereses por su parte.

Otra posible explicación para las conclusiones divergentes entre la IARC y los organismos reguladores de pesticidas es que los grupos emplearon procedimientos diferentes y evaluaron cuestiones distintas. La IARC evaluaba si el glifosato representa un peligro, es decir, si tiene la capacidad teórica de causar daño. Otros grupos evaluaban el riesgo del glifosato, o la probabilidad de que cause daño en determinadas circunstancias, como en exposiciones típicas.

Por ejemplo, el comité de la OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura que evaluó el glifosato en 2016 tuvo que determinar si la exposición dietética a niveles muy bajos de residuos de pesticidas conllevaba riesgo de cáncer, lo cual es diferente de la cuestión de si un nivel muy alto de exposición podría causar cáncer. Los organismos reguladores también suelen evaluar el riesgo bajo niveles de exposición realistas.

Sin embargo, un análisis de los argumentos de diferentes grupos y científicos también revela desacuerdos más fundamentales sobre cómo interpretar la ciencia, y múltiples situaciones en las que evaluar la carcinogenicidad no es una tarea sencilla.

Evidencia inconsistente en humanos

Los estudios disponibles en humanos llegan a conclusiones divergentes sobre si el glifosato está asociado con el cáncer en quienes lo aplican. Sin embargo, no hay evidencia en humanos de que las bajas exposiciones en alimentos estén asociadas con el cáncer. Resulta difícil estudiar si el glifosato causa cáncer en humanos, tanto porque el cáncer tarda muchos años en desarrollarse como porque es complicado evaluar la cantidad de herbicida a la que las personas han estado expuestas durante un período prolongado.

Cuando la IARC evaluó la evidencia en humanos sobre la carcinogenicidad del glifosato como “limitada”, existían media docena de estudios que analizaban el glifosato y el linfoma no Hodgkin en humanos, explicó Laura Beane Freeman, epidemióloga del Instituto Nacional del Cáncer, durante una presentación el 25 de marzo en el Simposio sobre Glifosato de Seattle. “La mayoría de los estudios, aunque no todos, presentaban alguna evidencia de asociación con el linfoma no Hodgkin en general”, afirmó. “Y utilizo este término de forma general. No implica necesariamente significación estadística, sino simplemente alguna evidencia de una asociación positiva”.

Los estudios que inicialmente suscitaron preocupación fueron los estudios de casos y controles. Este tipo de estudio identifica a personas en una población que desarrollaron un tipo de cáncer, así como a controles de la misma población que no padecieron cáncer y luego evalúa su exposición retrospectivamente. Los estudios se basaron en preguntas a los participantes o a sus familiares sobre su exposición previa al glifosato.

En una revisión de la evidencia publicada en 2017, la EPA señaló que no todos los estudios tuvieron en cuenta si las personas estuvieron expuestas a otros pesticidas, que podrían haber tenido sus propios efectos en la salud, y que muchos estudios tenían muestras pequeñas. “En los estudios epidemiológicos, no se encontró evidencia de una asociación entre la exposición al glifosato y diversos tipos de cáncer; sin embargo, debido a los resultados contradictorios y las diversas limitaciones identificadas en los estudios que investigan el linfoma no Hodgkin, no se puede llegar a una conclusión sobre la asociación entre la exposición al glifosato y el riesgo de LNH con base en los datos disponibles”, concluyó la revisión de la agencia.

El Estudio de Salud Agrícola (AHS, por sus siglas en inglés) es un estudio de cohorte prospectivo que incluyó a aplicadores de pesticidas con licencia y los ha seguido durante muchos años. Una ventaja de este tipo de estudio prospectivo es que las estimaciones de las personas sobre la cantidad de pesticidas que utilizaron no pueden verse sesgadas por el hecho de saber si posteriormente desarrollaron cáncer, a diferencia de los estudios que piden a las personas con cáncer que recuerden sus exposiciones pasadas. Además, este tipo de estudio permite analizar una mayor variedad de tipos de cáncer.

Un análisis del estudio realizado en 2005 no halló ninguna relación entre el glifosato y el cáncer. Un análisis actualizado de 2018, que incluyó a más de 54.000 participantes, tampoco encontró ninguna relación entre el uso de glifosato y ningún tipo de cáncer. (En el caso de la leucemia mieloide aguda, se observó un número mayor de casos entre los agricultores con mayor exposición, pero el resultado no fue estadísticamente significativo).

Para algunos, los resultados negativos del AHS son convincentes, sobre todo teniendo en cuenta que el uso de glifosato ha aumentado desde su comercialización en la década de 1970, pero el linfoma no Hodgkin ha disminuido ligeramente en general desde su pico en 2007. “Según tengo entendido, el estudio más sólido hasta la fecha es el Estudio de Salud Agrícola”, afirmó Eastmond. “Simplemente no encontraron ninguna evidencia” de cáncer, con la excepción del posible aumento de la leucemia mieloide aguda.

“Ese estudio a largo plazo sobre trabajadores agrícolas, con una exposición relativamente bien definida durante casi 20 años, no muestra evidencia de riesgo de cáncer”, nos dijo Alan Boobis, profesor emérito de toxicología del Imperial College de Londres. Boobis dirigió el comité de la FAO/OMS que evaluó el glifosato en 2016.

Otros investigadores se han mostrado reacios a interpretar el AHS como una justificación del glifosato. “Aunque el Estudio de Salud Agrícola fue en gran medida negativo, existen otros estudios que fueron claramente positivos”, nos dijo el Dr. Philip Landrigan, pediatra y médico de salud pública del Boston College, quien firmó la declaración del Simposio sobre el Glifosato de Seattle.

En el simposio, calificó un metaanálisis de 2019 como el “más relevante” de los estudios recientes en humanos. (Los metaanálisis también buscan comprender los datos en su conjunto combinando los resultados de múltiples estudios). Un portavoz de Mace, la representante de Carolina del Sur, había mencionado este estudio cuando se le preguntó sobre los datos que respaldaban sus preocupaciones acerca del glifosato.

El estudio halló que los grupos que informaron el nivel más alto de exposición a herbicidas a base de glifosato tenían una tasa de linfoma no Hodgkin un 41% mayor que aquellos que no informaron de su uso.

“Creo firmemente que la evidencia científica que implica al glifosato y a los herbicidas a base de glifosato como carcinógenos es muy sólida”, nos comentó Luoping Zhang, primera autora del estudio y profesora adjunta emérita de toxicología en la Universidad de California, Berkeley. Zhang formó parte de un panel de la EPA en 2016 que revisó el glifosato y fue una de las firmantes de la declaración del Simposio sobre el Glifosato de Seattle. Ha actuado como perito para los demandantes en juicios relacionados con el glifosato.

Sin embargo, una revisión de la EPA de 2020 sobre el metaanálisis de Zhang cuestionó si los investigadores tenían una buena justificación para centrarse en los grupos con mayor exposición. La revisión enfatizó que el estudio actualizado de AHS (que calificó como “el estudio más extenso y de mayor calidad”) no encontró indicios de un mayor riesgo de linfoma no Hodgkin en personas expuestas a niveles más altos de glifosato.

Zhang defendió la decisión de su equipo de analizar los grupos de alta exposición como una cuestión de sentido común. “Si se piensa que la exposición a la sustancia química A puede causar cáncer, todo el mundo creería que cuanto mayor sea la exposición, mayor será la probabilidad de padecer cáncer”, nos dijo.

Interpretaciones divergentes de los estudios sobre roedores

Los científicos suelen analizar datos obtenidos en roedores para comprender mejor si una sustancia química podría ser perjudicial para los humanos, ya que es posible exponer a ratones y ratas a cantidades precisas de la sustancia y evaluar sus efectos durante un período de tiempo relativamente corto. Sin embargo, los grupos discreparon en su evaluación de los datos sobre el glifosato: la IARC encontró evidencia “suficiente” en animales de que podría causar cáncer, mientras que los organismos reguladores se mostraron más escépticos ante los datos sobre el cáncer en roedores.

Un factor importante es que los distintos grupos que evaluaron el glifosato no se basaron exactamente en los mismos datos, afirmó Eastmond. La IARC solo considera los datos de acceso público. Los organismos reguladores consideran los datos confidenciales presentados por las empresas, y el grupo FAO/OMS también tuvo acceso a estos datos. 

Algunos científicos han argumentado que la IARC no tuvo debidamente en cuenta las numerosas comparaciones estadísticas en los datos de roedores. Con más comparaciones, aumenta la probabilidad de obtener resultados estadísticamente significativos por mero azar. “Esa es una de las razones por las que las personas pueden interpretar las cosas de forma tan diferente”, afirmó Eastmond.

Para llegar a su conclusión sobre la carcinogenicidad del glifosato, la IARC citó una mayor incidencia de una forma rara de cáncer de riñón en un tipo de ratón de laboratorio macho expuesto al glifosato y un aumento del cáncer de los vasos sanguíneos en ratones macho expuestos, así como un aumento de algunos tumores renales benignos.

Otros grupos interpretaron los datos de roedores de manera diferente. “Con base en las evaluaciones de la evidencia, la agencia ha concluido que ninguno de los tumores evaluados en estudios individuales de carcinogenicidad en ratas y ratones está relacionado con el tratamiento”, por diversas razones, concluyó la EPA en su revisión. La agencia no encontró un aumento significativo de tumores renales en ratones, luego de que un nuevo análisis encontrara un tumor adicional en los ratones de control que no se había observado previamente. La revisión de la EPA también señaló que algunos ratones en el estudio recibieron dosis atípicamente altas de glifosato.

La Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA, por sus siglas en inglés) concluyó de forma similar en 2022 que los datos obtenidos en ratones “no demostraban pruebas convincentes de tumores inducidos por glifosato”. El grupo sí detectó un aumento de tumores renales poco frecuentes en ratones macho expuestos a niveles muy altos de glifosato, pero consideró que su relevancia para los humanos era “baja” debido a la elevada dosis.

Mientras tanto, el grupo de la FAO/OMS del que formaban parte Eastmond y Boobis concluyó que el glifosato no es cancerígeno en ratas, pero no pudo descartar la posibilidad de que lo sea en ratones a dosis muy altas, según el informe de 2016 sobre sus conclusiones. Sin embargo, el grupo, cuya única tarea era evaluar los efectos de los pesticidas en los alimentos, concluyó que “dichos efectos se observaron a dosis tan altas que no consideramos que fueran relevantes para las decisiones que estábamos tomando sobre los residuos de pesticidas en la dieta alimenticia”, afirmó Eastmond.

Algunas personas preocupadas por el glifosato citan un estudio realizado en ratas en junio de 2025 como prueba de que el herbicida puede ser cancerígeno incluso a dosis bajas. (El asesor de Booker, el senador de Nueva Jersey, citó este estudio, entre otras fuentes que sugieren que el glifosato es cancerígeno). El estudio halló tasas elevadas de diversos tipos de cáncer en ratas expuestas al glifosato o a herbicidas a base de glifosato desde la etapa fetal y durante toda su vida. Esto incluyó un aumento de la leucemia en la primera infancia, una enfermedad poco común en el tipo de ratas estudiadas. Los investigadores utilizaron dosis de glifosato que se ajustaban a los límites reglamentarios europeos para la exposición diaria.

“Esto me indica que los niveles a los que las personas están expuestas hoy en día a través de los alimentos (…) esos niveles representan un riesgo”, afirmó Landrigan, añadiendo que el estudio demuestra que el glifosato causa cáncer. “El riesgo para una persona individual puede ser relativamente bajo, pero cuando millones de personas están expuestas (…) siempre habrá quienes consuman alimentos más contaminados que otros y siempre habrá personas en la población biológicamente más sensibles que otras (…) por lo tanto, si se expone a toda una población a una sustancia química con capacidad cancerígena, se incrementará el riesgo para toda la población”.

Sin embargo, algunos científicos han criticado el estudio por utilizar métodos estadísticos y de otro tipo inusuales, al tiempo que señalan que sus conclusiones contrastan con las de otros estudios realizados con ratas.

En una revisión de julio de 2025, por ejemplo, científicos del Instituto Federal Alemán de Evaluación de Riesgos (el grupo que dirigió la revisión de seguridad más reciente de la Unión Europea sobre el glifosato) escribieron que “debido a su diseño, el estudio tiene una comparabilidad muy limitada con los numerosos estudios a largo plazo sobre el glifosato que ya están disponibles” y “no refuta sus hallazgos”. La revisión alemana señaló que estudios anteriores con exposiciones mucho mayores no habían obtenido resultados similares.

El diseño “inusual” del nuevo estudio con ratas “no invalida el estudio en sí, pero implica que debe someterse a escrutinio”, afirmó Boobis. “Se han mostrado muy reacios a permitir que personas ajenas accedan a los datos brutos, las muestras histológicas, etc., para realizar una evaluación independiente”. También calificó de “sumamente poco convencional” la forma en que el estudio contabilizó los tumores y comparó los grupos de ratas.

Analizando los datos mecanicistas

La tercera línea de evidencia que los científicos utilizan para evaluar si una sustancia química es cancerígena es si existe una explicación mecanicista, es decir, si hay un mecanismo por el cual pueda causar cáncer. Nuevamente, diversos grupos han llegado a conclusiones divergentes sobre si el glifosato produce cambios relacionados con el cáncer.

La IARC halló pruebas mecanicistas “contundentes” de que el glifosato causa cáncer, citando evidencia de que daña el ADN, lo que se conoce como genotoxicidad. El grupo también halló evidencia de estrés oxidativo, una medida más indirecta de posible carcinogenicidad. Se considera que las células están bajo estrés oxidativo cuando no logran eliminar adecuadamente las moléculas reactivas de oxígeno. A largo plazo, esto puede provocar cáncer.

Por el contrario, la revisión de la EPA concluyó que los datos disponibles demostraban que el glifosato no causa mutaciones en el ADN cuando se ingiere. El grupo FAO/OMS tampoco encontró efectos genotóxicos del glifosato en mamíferos expuestos por vía oral, y la evaluación de la ECHA europea también concluyó que el glifosato no causaba mutaciones.

Eastmond, quien ayudó a liderar los esfuerzos del grupo FAO/OMS para evaluar la evidencia mecanicista, afirmó que las conclusiones sobre la genotoxicidad pueden variar en parte debido a la gran cantidad de estudios sobre el tema, de calidad muy diversa, y a que la IARC solo consideró estudios publicados, mientras que otros contaban con datos del fabricante. “Nos centramos en lo que consideramos más relevante para el riesgo humano por vía oral”, explicó. “Al hacerlo, concluimos que la evidencia era claramente abrumadoramente negativa en cuanto a la genotoxicidad”. 

Más recientemente, investigadores del Instituto Nacional del Cáncer (NCI, por sus siglas en inglés) también tomaron muestras de orina de trabajadores agrícolas en el estudio AHS y han encontraron algunos signos de mayor estrés oxidativo en la orina que contenía más glifosato.

Sin embargo, Boobis y Eastmond señalaron que muchas sustancias provocan estrés oxidativo y que esto no siempre conduce al cáncer.

Otro estudio reciente del NCI halló que, entre los trabajadores agrícolas que participaron en el estudio AHS, una mayor exposición autoinformada al glifosato a lo largo del tiempo se asoció con ciertos cambios cromosómicos, aunque los autores señalaron que sus resultados tendrían que ser replicados.

Otra pregunta es si existe alguna diferencia entre la exposición al glifosato puro y la exposición a herbicidas a base de glifosato, que contienen otros ingredientes, algunos de ellos de propiedad exclusiva. Algunos estudios mecanísticos recientes sugieren que es improbable que el glifosato cause cambios cancerígenos en las células, pero plantean la posibilidad de que los herbicidas a base de glifosato, que también incluyen otros ingredientes, puedan provocar dichos cambios.

Eastmond reconoció que, a pesar de la gran cantidad de datos sobre el glifosato, aún existen posibles lagunas. Señaló que la demanda original fue interpuesta por una persona que estuvo expuesta de forma extensa a través de la piel, mientras que la mayoría de los estudios se centran en la exposición oral. “Se podría argumentar que existe una diferencia”, afirmó. Añadió que aconseja a la gente que tome precauciones al aplicar pesticidas, pero que, en general, “no me preocupo demasiado por lo que como y bebo”.


Traducción de Google Translate editada por Catalina Jaramillo.

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