Facebook Twitter Tumblr Close Skip to main content
A Project of The Annenberg Public Policy Center

Elon Musk promueve afirmación infundada sobre la vacuna contra el COVID-19


This article is available in both English and Español

Elon Musk difundió una afirmación infundada, basada en una distorsión de los datos de monitoreo de la seguridad de las vacunas, según la cual las vacunas contra el COVID-19 causaron la muerte de decenas de miles de personas en Alemania. Las vacunas salvaron millones de vidas en todo el mundo durante una pandemia mortal y los efectos secundarios graves o las muertes derivadas de la vacunación son poco frecuentes.

A pesar de un historial de seguridad bien establecido, Musk cuestionó la seguridad de las vacunas contra el COVID-19 en X el 12 de abril, al compartir una publicación del influencer sueco de extrema derecha Peter Imanuelsen, también conocido como PeterSweden. Musk, exasesor de Trump, director ejecutivo de SpaceX y Tesla, y propietario de X, ya había difundido e interactuado con las publicaciones de Imanuelsen en varias ocasiones. La publicación de Musk tenía casi 60 millones de visualizaciones al momento de la publicación de este artículo, y la de Imanuelsen, 64 millones.

“Un informante interno de Pfizer, que fue el jefe de toxicología en Europa, acaba de revelar algo que muchos ‘teóricos de la conspiración’ sospechaban”, escribió Imanuelsen en su publicación del 12 de abril. “Él calcula que entre 20.000 y 60.000 personas han muerto en Alemania a causa de la vacuna contra el COVID-19”, continuó, añadiendo que “debería ser noticia de primera plana EN TODAS PARTES”.

No hay pruebas de que esas muertes hayan ocurrido. Las vacunas contra el COVID-19 tampoco causan muertes masivas, como hemos escrito en repetidas ocasiones.

La publicación de Imanuelsen se basó en el testimonio del Dr. Helmut Sterz, toxicólogo y veterinario que declaró haber trabajado anteriormente para Pfizer, el 19 de marzo en una audiencia parlamentaria alemana. Sterz, quien compareció por invitación de un partido de extrema derecha, afirmó sin fundamento que la vacuna de Pfizer/BioNTech había causado la muerte de 60.000 personas en Alemania. Sin embargo, Sterz llegó a esta cifra distorsionando los datos de vigilancia de seguridad de la vacuna alemana, siguiendo una lógica común entre los activistas antivacunas en Estados Unidos, quienes han manipulado datos de vigilancia pasiva similares. (Imanuelsen explicó en X que Sterz también había dado la cifra de 20.000 después de la audiencia, pero no pudimos encontrar esos comentarios adicionales).

El Dr. Mahmoud Zureik, catedrático de epidemiología y salud pública de la Universidad Paris-Saclay en Francia, nos comunicó por correo electrónico que la afirmación de Sterz “confunde coincidencia con causalidad, hace un uso indebido de los datos de vigilancia pasiva y no está respaldada por la mejor evidencia científica disponible”. Sterz contabilizó las muertes notificadas tras la vacunación que no necesariamente estaban relacionadas con las vacunas y luego las multiplicó por 30 para supuestamente compensar la subnotificación. Zureik calificó el uso de este factor de 30 como “arbitrario”. Zureik es director de EPI-PHARE, una organización científica creada por las autoridades sanitarias francesas para asesorar de forma independiente sobre la seguridad de los productos sanitarios.

Zureik añadió que la idea de que las vacunas contra el COVID-19 hayan causado un gran número de muertes va en contra de la literatura científica. “En términos generales, los grandes estudios epidemiológicos no han demostrado un riesgo excesivo de mortalidad general tras la vacunación con ARNm contra el COVID-19”, afirmó. 

Ilustración fotográfica de Anna Barclay/Getty Images.

El portavoz de Pfizer, Andrew Widger, nos comunicó por correo electrónico que la vacuna contra el COVID-19 de la compañía “sigue demostrando un perfil favorable de seguridad y eficacia, respaldado por una amplia evidencia del mundo real, así como por datos clínicos, no clínicos, de farmacovigilancia y de fabricación”.

En su perfil de LinkedIn, Sterz dice que ocupó un cargo directivo en un centro de investigación de Pfizer en Francia entre 2001 y 2009. Es también autor de un libro sobre el COVID-19 publicado en 2025, cuyo título se traduce como “La mafia de la vacunación” y cuyo subtítulo lo describe como el antiguo jefe de toxicología de Pfizer. No parece tener ninguna publicación científicas recientes.

Pfizer, por política de la compañía, no proporciona detalles sobre personas concretas, según declaró su portavoz. “Pero puedo confirmar que la persona que menciona no trabajó en Pfizer durante la pandemia ni durante la década anterior, y por consiguiente, no participó en el desarrollo de la vacuna contra el COVID-19. Por lo tanto, me pregunto si se le puede considerar como un ‘informante interno’”. 

Uso indebido de datos de vigilancia de la seguridad de las vacunas alemanas

En Estados Unidos, los activistas antivacunas suelen distorsionar los datos del Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS, por sus siglas en inglés), gestionado por el gobierno, que recopila informes no verificados de problemas de salud tras la vacunación con el fin de identificar posibles señales de seguridad. La afirmación infundada de Sterz sobre las muertes relacionadas con las vacunas en Alemania se basa en el uso indebido de un sistema gubernamental similar en Alemania, gestionado por el Instituto Paul Ehrlich (PEI, por sus siglas en inglés), sobre el que ya hemos escrito anteriormente.

Durante su testimonio, Sterz afirmó que PEI había recibido 2.133 informes de fallecimientos tras la vacunación con la vacuna de Pfizer/BioNTech. Es efectivo que, según un informe de la PEI de 2024, se registraron 2.133 fallecimientos tras la vacunación con la vacuna original de Pfizer/BioNTech hasta finales de ese mismo año.

Sin embargo, Zureik afirmó que una muerte u otro problema que ocurra después de la vacunación “no es, por sí solo, evidencia de que la vacuna haya causado el evento”, explicando que sistemas como el PEI “están diseñados para detectar señales que luego requieren necesariamente una evaluación clínica y epidemiológica”.

“No es válido presumir que las 2.000 muertes reportadas fueron causadas por vacunas, y mucho menos presumir que hubo 30 veces esa cantidad para llegar a la cifra de 60.000 que menciona la persona”, nos dijo por correo electrónico Jeffrey S. Morris, director de la división de bioestadística de la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania. En diciembre de 2025, Morris escribió un informe técnco del Centro de Políticas Públicas Annenberg (APPC, por sus siglas en inglés) sobre el monitoreo de la seguridad de las vacunas, que incluye una sección que explica cómo funciona el VAERS y cómo se distorsiona. (FactCheck.org es un proyecto del APPC).

La gente muere con regularidad, incluyendo un millón de personas al año en Alemania, señalaron Morris y Zureik. “Por lo tanto, cuando se vacunan decenas de millones de personas, inevitablemente se producirán algunas muertes en los días, semanas o meses posteriores a la vacunación por mera coincidencia, incluyendo muertes que también habrían ocurrido en ausencia de la vacunación”, afirmó Zureik.

El informe del PEI también señaló que la ocurrencia de muertes u otros eventos cerca del momento de la vacunación “no indica automáticamente que exista una relación causal” entre ambos, explicando que en muchos casos, “el evento puede explicarse por otros factores, como afecciones preexistentes, comorbilidades o medicamentos concomitantes”. En otros casos, la información disponible es limitada. De los 2.133 informes de muertes después de recibir la vacuna original de Pfizer/BioNTech, el PEI evaluó 28 como con una relación causal “posible o probable” con la vacunación. El informe indicó que se habían administrado más de 138 millones de dosis de la vacuna.

Uso infundado del “factor de subregistro”

Sterz volvió a seguir un patrón conocido al multiplicar una cifra ya inflada de muertes supuestamente causadas por la vacunación contra el COVID-19 por un “factor de subregistro” de 30, que según él se utilizó en Estados Unidos.

Los activistas antivacunas en EE. UU., en efecto, multiplican las supuestas muertes o efectos secundarios de las vacunas por diversos factores. El Dr. Peter McCullough, por ejemplo, suele mencionar un factor de subregistro de 30. McCullough es un cardiólogo con un largo historial de difusión de información errónea sobre las vacunas.

Pero, como ya hemos mencionado, el método de aplicar un factor de subregistro a los informes del VAERS para determinar la tasa real de un problema es erróneo. Existe tanto subregistro como sobreregistro de eventos, y no es sencillo identificar una tasa de subregistro específica, ya que esta varía según los eventos que se analicen y el contexto en el que se administró la vacuna.

Durante la pandemia de COVID-19, explicó Zureik, es posible que de hecho se haya producido una sobreestimación de los casos, impulsada por lo que se conoce como sesgo de notoriedad (o notificación estimulada). En otras palabras, la gran atención prestada a la vacunación contra el COVID-19 y a sus posibles efectos secundarios pudo haber llevado a que la gente fuera más propensa a informar sobre muertes ocurridas cerca del momento de la vacunación, independientemente de cualquier relación causal. 

“Por lo tanto, aplicar un ‘factor de subdeclaración’ fijo no solo carece de fundamento, sino que además ignora la posibilidad de declarar la inflación en este contexto”, afirmó Zureik.

Datos reafirman la seguridad de las vacunas contra el COVID-19

En cualquier caso, existen otros tipos de estudios que se utilizan para investigar más a fondo cualquier señal de seguridad detectada por sistemas de vigilancia como VAERS o el sistema PEI, explicó Morris. Estos estudios analizaron las muertes posteriores a la vacunación contra el COVID-19 y no mostraron “ninguna evidencia de un mayor riesgo de muerte”, afirmó.

En Estados Unidos, un estudio de 2022 con casi 7 millones de personas del sistema de monitoreo Vaccine Safety Datalink (VSD) reveló que quienes recibieron la vacuna contra el COVID-19 tenían menos probabilidades de morir que quienes no la recibieron, tras emparejar a los participantes según diversas características y realizar un seguimiento durante al menos dos meses. El VSD es un sistema estadounidense basado en registros de salud que permite dar seguimiento a las señales de seguridad identificadas en VAERS. “Esta evidencia es mucho más sólida que cualquier análisis de VAERS”, afirmó Morris.

Mientras tanto, Zureik y sus colegas en Francia analizaron los historiales médicos de 28 millones de adultos franceses menores de 59 años para investigar si la vacunación contra el COVID-19 tenía alguna relación con la mortalidad por todas las causas durante un período de cuatro años. Su estudio, publicado en diciembre de 2025, confirmó que las personas vacunadas tenían menos probabilidades de morir que las no vacunadas.

Morris explicó que estos estudios y otros realizados en todo el mundo no implican necesariamente que la vacunación disminuya el riesgo de muerte por causas distintas al COVID-19, ya que las personas vacunadas pueden tener otras características que las hacen más saludables. Sin embargo, la investigación indica que las vacunas contra el COVID-19 no están asociadas con un mayor riesgo de muerte, contrariamente a las afirmaciones sobre una letalidad a gran escala.

Se ha manifestado especial preocupación por el aumento repentino de muertes súbitas causadas por la vacunación, a pesar de la falta de evidencia que respalde tal fenómeno. Esto se basa, en parte, en el efecto secundario real, aunque poco frecuente, de la miocarditis, o inflamación del corazón. Algunas vacunas contra el COVID-19, incluida la de Pfizer/BioNTech, provocaron esta afección, que afectó con mayor frecuencia a varones adolescentes o adultos jóvenes tras la segunda dosis de la serie original. La miocarditis posterior a la vacunación contra el COVID-19 suele ser menos grave que la que se produce tras la infección y se resuelve con relativa rapidez, aunque es posible que haya causado la muerte en un número muy reducido de casos, como ya hemos mencionado anteriormente.

Sin embargo, los estudios no muestran un patrón de aumento de muertes en adolescentes y adultos jóvenes después de la vacunación, ya sea por causas cardíacas o de otro tipo. Más recientemente, un estudio canadiense del 19 de marzo investigó si la vacunación contra el COVID-19 en adolescentes y adultos jóvenes sin antecedentes de cardiopatía se asociaba con la muerte súbita cardíaca, que puede ser causada por diversas afecciones, incluida la miocarditis.

Los investigadores descubrieron que las personas vacunadas tenían menos probabilidades de sufrir muerte súbita cardíaca que las no vacunadas. “Estos hallazgos no respaldan la hipótesis de que las vacunas contra el COVID-19 aumenten el riesgo de muerte súbita cardíaca en adultos jóvenes y sanos”, concluyeron los autores.


Traducción de Google Translate editada por Catalina Jaramillo.

FactCheck.org no acepta publicidad. Dependemos de subvenciones y donaciones individuales de personas como usted. Por favor considere una donación. Las donaciones con tarjeta de crédito se pueden hacer a través de nuestra página para donar. Si prefiere donar con un cheque, envíelo a: FactCheck.org, Annenberg Public Policy Center, P.O. Box 58100, Philadelphia, PA 19102.