En recientes apariciones públicas, el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., afirmó que la obesidad disminuyó un 3% “en el último año” y sugirió que la administración Trump merece al menos parte del mérito. Una encuesta muestra una reducción similar de la obesidad, pero esta disminución se produjo a lo largo de varios años y comenzó mucho antes del mandato actual del presidente Donald Trump.

Y, según nos comentaron los expertos, hay pocas pruebas de que esto se deba al énfasis que Kennedy puso en la prevención de enfermedades crónicas o a su impulso para que los estadounidenses se alimentaran mejor.
Según las encuestas de Gallup, la tasa de obesidad entre los adultos estadounidenses alcanzó su punto máximo en 2022 y ha disminuido cada año desde entonces. El descenso comenzó durante la administración de Biden y ha continuado bajo la de Trump.
Los expertos también nos comentaron que, si bien la obesidad está disminuyendo, hay pocas pruebas de que se deba a cambios en la dieta o en el estilo de vida. Algunos señalaron que podría estar relacionado con un factor que Kennedy no está destacando: el auge de los nuevos fármacos para bajar de peso basados en el receptor de GLP-1.
Kennedy (quien ha hecho del consumo de “alimentos de verdad” una parte fundamental de su movimiento “Make America Healthy Again” y que, en ocasiones, en los últimos años ha menospreciado los fármacos GLP-1) ha pregonado la supuesta disminución de la obesidad en varias ocasiones en los últimos meses.
“Este año, las tasas de obesidad disminuyeron en este país, por primera vez en 40 años, en aproximadamente un 3%”, dijo Kennedy durante un evento sobre nutrición infantil el 24 de agosto. “El consumo de alimentos de verdad aumentó entre un 7 y un 10% este año. Y hay muchos otros indicadores que demuestran que lo que estamos haciendo realmente funciona”.
Hizo referencia a la misma estadística durante una intervención en un centro de salud comunitario en California el 13 de agosto.
“La obesidad ha disminuido, por primera vez, un 3% en el último año”, afirmó. “La gente está empezando a comer alimentos buenos y eso influye. Pero gran parte del problema radica en mejorar la atención primaria y eliminar los incentivos perversos que llevan a solicitar un sinfín de pruebas y tratamientos farmacológicos”.
Kennedy hizo afirmaciones similares sobre la tasa de obesidad al menos dos veces en junio. En una conferencia de la industria de productos agrícolas, declaró que las tasas de obesidad habían “disminuido casi un 2%” este año y lo calificó de un “gran logro”, según la publicación especializada The Packer. Además, durante un panel en Michigan, organizado por un grupo de expertos conservadores, afirmó: “Desde que el presidente Trump asumió el cargo, las tasas de obesidad en este país han disminuido un 2,5%. Es la primera disminución en 50 años”.
Preguntamos al Departamento de Salud y Servicios Humanos por dónde obtuvo Kennedy esas cifras, pero no hemos recibido respuesta. Sin embargo, es probable que se refiera a los datos de Gallup, la única fuente pública disponible que encontramos y que reportaba una disminución de aproximadamente 3 puntos porcentuales en la obesidad.
Sin embargo, los datos no respaldan las afirmaciones de Kennedy de que la tasa de obesidad disminuyó tanto en un solo año. Las cifras de Gallup muestran una disminución total de 3,5 puntos porcentuales entre 2022 y la primera mitad de 2026. Aproximadamente dos tercios de esa disminución se produjeron entre 2022 y 2024, durante la presidencia de Joe Biden.

En términos más generales, los expertos nos comentaron que aún existe cierta incertidumbre sobre si la obesidad está disminuyendo realmente y, de ser así, si esa tendencia continuará. Según datos gubernamentales, en años anteriores, la tasa de obesidad en Estados Unidos ha descendido o se ha estabilizado, para luego volver a aumentar en los años siguientes.
En cuanto a las posibles razones de la disminución de la obesidad, varios expertos nos comentaron que no tienen conocimiento de pruebas que indiquen que los estadounidenses hayan realizado cambios importantes en su dieta, como sugirió Kennedy. Algunos señalaron el creciente uso de fármacos GLP-1, como Ozempic, como una explicación más plausible, aunque este tema sigue siendo objeto de debate.
“No tengo conocimiento de ninguna prueba que sugiera que los estadounidenses hayan mejorado significativamente su participación en intervenciones de estilo de vida o en prácticas dietéticas”, nos comentó Elizabeth Selvin, profesora de epidemiología y medicina en la Universidad Johns Hopkins, por correo electrónico. “Sin embargo, como es sabido, se ha producido una revolución en la eficacia y disponibilidad de intervenciones farmacológicas (en particular, los medicamentos GLP-1), altamente eficaces para el control del peso”.
La aparente disminución de la obesidad comenzó antes de Trump
El Índice Nacional de Salud y Bienestar de Gallup, que encuesta a unos 5.000 estadounidenses cada trimestre, es una de las diversas fuentes para monitorear las tasas de obesidad a lo largo del tiempo. Desde que Gallup comenzó a preguntar sobre el peso en 2008, la obesidad entre los adultos estadounidenses ha mostrado una tendencia mayoritariamente ascendente, alcanzando un máximo del 39,9% en 2022 y descendiendo cada año desde entonces. A principios de este año, la tasa de obesidad en adultos se situaba en el 36,4%, según Gallup.
El método de Gallup tiene la ventaja de contar con una muestra grande y de obtener resultados rápidamente, lo que lo convierte en una medida más actualizada que las encuestas gubernamentales. Sin embargo, también presenta algunas limitaciones, como el uso de la estatura y el peso autoinformados para calcular el índice de masa corporal. Dado que las personas a veces subestiman su peso o sobreestiman su estatura, esto puede llevar a una subestimación de la prevalencia de la obesidad.
Dan Witters, director de investigación del índice, nos comentó que las estimaciones de Gallup sobre la tasa de obesidad tienden a ser unos puntos porcentuales inferiores a las estimaciones gubernamentales basadas en mediciones más objetivas, pero que en general siguen las mismas tendencias.
La Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición de los CDC (NHANES, por sus siglas en inglés) suele considerarse más fiable, ya que sus estimaciones de obesidad a nivel poblacional se basan en mediciones reales de altura y peso, no en datos autoinformados. Sin embargo, tarda más en publicar los datos.
Los datos más recientes de la encuesta NHANES sitúan la tasa de obesidad en adultos en un 40,3% en el período 2021-2023. Esta cifra es inferior al 41,9% registrado entre 2017 y 2020, pero la diferencia se encuentra dentro del margen de error y no se considera estadísticamente significativa.
Por otra parte, algunos análisis de historiales clínicos o de reclamaciones de seguros han revelado indicios de una ligera disminución de la obesidad. Un análisis publicado esta primavera por Epic Research, filial de la empresa de historiales médicos electrónicos, halló que el porcentaje de adultos estadounidenses clasificados como obesos descendió del 42,3% en el segundo trimestre de 2021 al 40,7% en el primer trimestre de 2026. La tasa de prescripción de GLP-1 aumentó considerablemente durante el mismo periodo.
Solveig Cunningham, profesora de salud global en la Universidad de Emory, afirmó que los datos de Gallup podrían reflejar una tendencia real, pero se necesitarán más datos para confirmarlo. Asimismo, advirtió que, aunque la tasa de obesidad haya disminuido, ello no garantiza que continúe bajando.
“Creo que podría haber un pequeño descenso”, dijo, pero “tendremos que ver cómo evoluciona en el futuro. Ya ha habido pequeños descensos antes. Por ejemplo, en 2008 y 2012 hubo descensos similares y luego comenzó a subir otra vez”.
Escasas pruebas de dietas más saludables
En sus discursos del 13 y 24 de agosto, Kennedy sugirió que el hecho de que la gente consumiera más “alimentos buenos” o “alimentos de verdad” era, en parte, responsable de la disminución de la obesidad.
Consultamos al HHS sobre el fundamento de esa afirmación, pero no obtuvimos respuesta. Varios expertos a quienes contactamos dijeron haber visto pocas o ninguna prueba de que los estadounidenses hayan realizado cambios importantes en su dieta.
“No sé de dónde obtiene sus datos”, dijo William McCarthy, profesor adjunto de política y gestión sanitaria en la Universidad de California, Los Ángeles, quien ha estudiado estrategias para fomentar una alimentación más saludable. “Quizás tenga acceso a datos que yo no tengo. Pero según lo que he visto, no estoy de acuerdo” en que la dieta estadounidense se haya vuelto mucho más saludable en los últimos años.
Cunningham afirmó que la mejor fuente de datos sobre los hábitos alimenticios de los estadounidenses es la encuesta NHANES de los CDC, que realiza un seguimiento de las tendencias de la obesidad. Sin embargo, los datos más recientes de la encuesta NHANES corresponden al período 2021-2023.
“En ese momento, no veíamos grandes cambios en la dieta”, dijo. “Así que creo que sería increíble si los hubiera, pero no tenemos ninguna prueba de que tales cambios en la dieta estén ocurriendo”.
El Índice Nacional de Salud y Bienestar de Gallup, además de monitorear las tendencias de obesidad, también incluye varias preguntas sobre la dieta, el ejercicio y los niveles generales de actividad física. Witters, el director de investigación, afirmó que estos indicadores empeoraron en general durante la pandemia y no se han recuperado.
Aunque se observó una “modesta mejora” en el porcentaje de personas que informaron haber consumido al menos cinco porciones de frutas y verduras en cuatro de los últimos siete días (del 42% en 2023 al 45,2% en 2026), esta cifra sigue siendo inferior a la de 2019, y otras preguntas sobre dieta y ejercicio no mostraron cambios estadísticamente significativos.
“No vemos en nuestros datos pruebas de que la gente, los estadounidenses, esté llevando repentinamente una vida más sana”, dijo Witters.
En su discurso del 24 de agosto, Kennedy afirmó que el consumo de la “comida de verdad” aumentó entre un 7 y un 10 % este año. Ya había citado una versión de esta cifra para argumentar que los estadounidenses están optando por alimentos “de verdad” en lugar de los altamente procesados. Esto se desprende de un análisis del banco BNP Paribas, que, según se informa, reveló que, entre junio de 2025 y junio de 2026, las ventas de alimentos no procesados o mínimamente procesados en ciertas categorías crecieron un 7% más rápido que las ventas de alimentos ultraprocesados en las mismas categorías.
Pero los expertos nos dijeron que esos hallazgos, por sí solos, no demuestran que los estadounidenses estén alimentándose de manera significativamente mejor.
El estudio, tal como se describe en un artículo de la publicación especializada Food Business News, comparó productos de solo unas pocas categorías: yogur, mantequillas de frutos secos, comidas/verduras congeladas, snacks/dulces de frutas y cereales/granola. (Solicitamos a BNP Paribas una copia del estudio original, pero no hemos recibido respuesta). Por ejemplo, en la categoría de yogur, las ventas de productos mínimamente procesados (como el yogur natural) aumentaron un 15%, mientras que las ventas de yogures ultraprocesados (como las variedades azucaradas y con sabor) aumentaron solo un 2%.
Cunningham señaló que la mayoría de los alimentos de esas categorías “serían considerados en gran medida procesados por los nutricionistas”, y que el informe no muestra que las ventas de alimentos ultraprocesados estén disminuyendo, sino que crecen más lentamente que las de los alimentos menos procesados.
McCarthy añadió que el informe no dice nada sobre si los estadounidenses consumen, por ejemplo, más frutas y verduras frescas. Y sin más detalles, dijo, es difícil saber si cambiar, por ejemplo, de un tipo de mantequilla de cacahuete a otro tiene un impacto significativo en la salud.
“Por lo general, se necesita una campaña de varios años para lograr que los estadounidenses consuman menos grasas saturadas, menos grasas trans o menos sodio”, afirmó en un correo electrónico. “Sigo siendo escéptico de que las iniciativas del secretario Kennedy relacionadas con la alimentación hayan tenido ya un impacto significativo en la salud general de las elecciones alimentarias diarias de la población estadounidense”.
Marion Nestle, experta en políticas alimentarias y profesora emérita de la Universidad de Nueva York, escribió en su blog Food Politics que los datos de ventas “podrían indicar una tendencia hacia dietas más saludables, dependiendo de lo que la gente esté comiendo”.
Nestle nos comunicó por correo electrónico que la disminución de la obesidad sugiere que la gente consume menos calorías. Sin embargo, debido a que varios factores que podrían influir en las tendencias alimentarias confluyen simultáneamente, resulta difícil determinar cuál es la causa. Junto con la campaña de Kennedy para comer “comida de verdad” y la reciente revisión de las directrices federales de nutrición, el uso de GLP-1 está aumentando, al igual que los precios de los alimentos.
“La mayoría de las pruebas de causalidad apuntan a los fármacos GLP-1”, afirmó, señalando que estos fármacos reducen la ingesta de alimentos y también pueden inducir a las personas a realizar otros cambios en su dieta. “La inflación también hace que la gente se lo piense dos veces antes de comprar comida basura cara. Los consejos dietéticos ayudan, pero rara vez son suficientes para modificar los hábitos alimenticios”.
Potencial papel de “intervenciones farmacéuticas”
Kennedy también afirmó que “gran parte” de la disminución de las tasas de obesidad se debe a la eliminación de “incentivos perversos para realizar un sinfín de pruebas e intervenciones farmacéuticas”. Preguntamos al HHS qué quiso decir Kennedy específicamente con esto, pero no hemos recibido respuesta.
McCarthy afirmó que Kennedy podría haberse referido a los esfuerzos del gobierno para lograr que las facultades de medicina ofrezcan más educación nutricional y, en general, orientar la atención primaria hacia un mayor enfoque en la alimentación y la prevención de enfermedades crónicas. Si bien McCarthy señaló que estos cambios son bienvenidos y podrían marcar la diferencia a largo plazo, pasará algún tiempo antes de que se implementen por completo y tengan un efecto tangible en los resultados de salud.
“Aplaudo la iniciativa del secretario Kennedy”, dijo. “Pero pasará un tiempo antes de que tengamos médicos capacitados que sepan cómo influir en las decisiones alimentarias de los pacientes”.
También cabe destacar que una posible explicación del aparente descenso de la obesidad es, efectivamente, una “intervención farmacéutica” (los medicamentos GLP-1), aunque el efecto de estos fármacos sobre la tasa de obesidad a nivel poblacional sigue siendo objeto de debate.
Según los datos de la encuesta de Gallup, el porcentaje de adultos que afirman tomar medicamentos para bajar de peso se ha disparado del 3% en 2024, cuando Gallup comenzó a preguntar al respecto, al 11% este año.
En un análisis publicado el año pasado, Gallup descubrió que los grupos de edad que experimentaron las mayores disminuciones en la obesidad entre 2022 y 2025 (adultos de 40 a 49 y de 50 a 64 años) también fueron los grupos con las tasas más altas de uso de GLP-1 y los mayores aumentos en el uso de GLP-1 entre 2024 y 2025.
Aunque eso “no prueba nada”, dijo Witters, sugiere una posible relación. “Lo que encontramos fue una correlación bastante estrecha”.
Cunningham, el profesor de Emory, dijo que “todavía hay mucho debate” sobre por qué la obesidad podría estar disminuyendo.
“Hay mucho interés en la posibilidad de que fármacos de todo tipo reduzcan el peso a nivel poblacional”, afirmó. “Aún estamos en una fase muy temprana. Por lo tanto, no creo que podamos llegar a ninguna conclusión definitiva al respecto”.
Según explicó, los fármacos GLP-1 son claramente eficaces para reducir el peso a nivel individual, pero el efecto a nivel poblacional es menos claro por varias razones.
Por un lado, algunas personas abandonan la medicación por efectos secundarios o por el coste, y las personas con menores ingresos, que suelen tener un mayor riesgo de obesidad, quizás no puedan costearla. Algunas personas que toman GLP-1 pueden ya estar por debajo del umbral de obesidad clínicamente definida; otras pueden comenzar con un IMC lo suficientemente alto como para que perder entre un 10% y un 20% de su peso corporal no las sitúe por debajo del umbral de obesidad, incluso si mejoran su salud general.
Cunningham afirmó que otra teoría sobre la obesidad a nivel poblacional es que una cierta proporción de la población adulta es susceptible a la obesidad en el entorno actual y que la tasa de obesidad se está estabilizando a medida que alcanzamos un tipo de “punto de saturación”.
Pero advirtió que, por el momento, no tenemos respuestas definitivas. “La obesidad es compleja”.
Traducción de Google Translate editada por Catalina Jaramillo.
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