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A Project of The Annenberg Public Policy Center
SciCheck’s COVID-19/Vaccination Project

¿Qué tratamientos hay disponibles para el COVID-19?


This article is available in both English and Español

No hay curas para el COVID-19, pero se ha identificado un creciente número de tratamientos basados en evidencia científica. La mayoría de ellos cuenta con una autorización de uso de emergencia, en vez de aprobación completa, de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés).

A fines de diciembre de 2021, la FDA autorizó el uso de emergencia de los primeros antivirales contra el COVID-19, Paxlovid de Pfizer y molnupiravir de Merck.  Ambos medicamentos están autorizados para pacientes con COVID-19 leve a moderado en alto riesgo de enfermedad grave. Las píldoras deben administrarse lo antes posible y no más tarde de cinco días antes de que comiencen los síntomas. 

Paxlovid consiste en nirmatrelvir, un inhibidor de la proteasa que previene la replicación del coronavirus o SARS-CoV-2, y ritonavir, un fármaco que retarda la degradación del nirmatrelvir. En un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo encontró que Paxlovid reduce la hospitalización o muerte por cualquier causa relacionada con COVID-19 en un 88%, si se compara con un placebo, tras 28 días de seguimiento.

Molnupiravir también previene la replicación viral del SARS-CoV-2, pero funciona de una manera diferente, al introducir errores en el código genético del virus. Se demostró en un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo que reduce la hospitalización o la muerte por cualquier causa en un 30%, en comparación con un placebo, después de 29 días.

Si bien las píldoras son potencialmente revolucionarias para el tratamiento de la COVID-19, estas no sustituyen a la vacunación y conllevan algunos riesgos. Además, se espera que la disponibilidad inicial sea muy limitada. Paxlovid, por ejemplo, puede no ser adecuado para personas con enfermedad renal o que toman ciertos otros medicamentos, mientras que molnupiravir no se recomienda para personas embarazadas.

El único tratamiento para el COVID-19 aprobado por la FDA es remdesivir, un medicamento antiviral intravenoso. Fue aprobado en octubre de 2020 con base en ensayos clínicos aleatorizados y controlados que mostraron tiempos de recuperación más cortos y probabilidades de mejoras clínicas estadísticamente significativas en pacientes con COVID-19 de leve a grave que recibieron el medicamento, comparado con quienes recibieron el placebo y cuidado regular.

Un ensayo clínico también ha demostrado que pacientes no hospitalizados, con COVID-19 de leve a moderado, pueden beneficiarse del tratamiento temprano con remdesivir. Los pacientes de alto riesgo que recibieron tres días de remdesivir intravenoso durante la semana del inicio de los síntomas tuvieron un 87 % menos de probabilidades de ser hospitalizados o morir en comparación con los que recibieron placebo.

Dados estos hallazgos, las pautas de tratamientos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) recomiendan el uso de remdesivir, no indicado en la etiqueta, en dichos pacientes ambulatorios en áreas donde la variante ómicron predomina. 

Otras terapias importantes incluyen varios tratamientos con anticuerpos monoclonales dirigidos al SARS-CoV-2 en pacientes con enfermedad leve a moderada que están en alto riesgo de desarrollar COVID-19 grave. Estas drogas son anticuerpos sintéticos que están diseñados para prevenir que el virus entre a las células, aunque puede que algunos no sean efectivos contra todas las variantes del coronavirus. Se cree que solo dos anticuerpos, sotrovimab de Vir Biotechnology y GlaxoSmithKline y bebtelovimab de Eli Lilly, actúan contra la variante ómicron, y se piensa que solo bebtelovimab funciona contra la subvariante BA.2 de omicrón. 

Otro medicamento clave en el arsenal limitado de tratamientos es el esteroide llamado dexametasona, el cual según un ensayo aleatorizado y controlado en el Reino Unido produjo un beneficio en la mortalidad de pacientes con COVID-19 hospitalizados recibiendo ventilación mecánica u oxígeno. El hallazgo fue anunciado en junio de 2020. La dexametasona, sin embargo, no ayudó a pacientes que no estaban recibiendo oxígeno suplementario y puede haberles causado daño.

Un amplio ensayo aleatorizado y controlado desarrollado en Brasil y publicado en Lancet Global Heath a fines de octubre también encontró que la fluvoxamina, un antidepresivo barato y también utilizado para el desorden obsesivo-compulsivo, redujo el riesgo de hospitalización y de estadía prolongada en la sala de emergencia en un 32% cuando fue administrado en las primeras etapas de la enfermedad en pacientes de alto riesgo. Cuando el análisis se limitó a las personas que efectivamente tomaron fluvoxamina regularmente, los resultados fueron incluso más sorprendentes, mostrando una baja del 66% en hospitalizaciones o estadías prolongadas en la sala de urgencia y una reducción del 91% en el número de muertes.

Otro ensayo clínico muy pequeño encontró un beneficio de tomar fluvoxamina para el COVID-19, pero un ensayo posterior más grande se suspendió prematuramente porque pocas personas en el ensayo se enfermaron gravemente y no parecía que el medicamento estuviera teniendo efecto. Por ahora, las pautas de tratamiento de los NIH no respaldan ni recomiendan en contra del uso del medicamento.

La FDA también emitió una EUA para dos medicamentos inmunomoduladores, tocilizumab y baricitinib, para el uso en ciertos pacientes que están hospitalizados, en combinación con otros fármacos. Ambos medicamentos son usados para tratar artritis reumatoide y se piensa que ayudan a aliviar un sistema inmunitario agitado cuando la enfermedad progresa.

El uso de baricitinib en combinación con remdesivir fue autorizado para pacientes hospitalizados que requieran ventilación mecánica u oxígeno complementario. La decisión estuvo respaldada por ensayos clínicos aleatorizados y controlados que mostraron tiempos de recuperación más cortos y mayores probabilidades de mejoras clínicas con la combinación de medicamentos. El uso de tocilizumab fue autorizado para pacientes recibiendo corticoides en forma sistémica, tales como dexametasona, y que requieran ventilación artificial u oxígeno.

La plasma de convaleciente, la parte líquida de la sangre que contiene anticuerpos, de personas que se han recuperado de COVID-19, también ha sido estudiada como posible tratamiento. En febrero de 2021, la FDA modificó su EUA para incluir solo plasma con una concentración alta de anticuerpos “para el tratamiento de pacientes hospitalizados en las primeras etapas de la enfermedad” luego de estudios que encontraron que no había beneficios con niveles más bajos de anticuerpos. En una carta emitida el 9 de marzo, la FDA dijo que “la evidencia clínica que respalda esta EUA es aún limitada” y anima a los proveedores de cuidado de salud a matricular a sus pacientes en ensayos clínicos en curso. Las pautas para tratamientos contra el COVID-19 de los NIH no recomiendan el uso de plasma de convaleciente para ningún grupo de pacientes y recomiendan en contra de su uso en pacientes hospitalizados sin la inmunidad humoral alterada.