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La entrevista, llena de falsedades, de RFK Jr. en CNN 


This article is available in both English and Español

En una polémica entrevista en el programa “State of the Union” de CNN, el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., hizo varias afirmaciones falsas, engañosas e infundadas sobre los orígenes de la enfermedad de Lyme y del virus respiratorio sincitial, la pandemia de COVID-19 y lo que la ciencia demuestra sobre el autismo, la vacunación y el uso de paracetamol durante el embarazo.

En el programa transmitido el 2 de agosto, Kennedy tuvo varios desacuerdos con la presentadora Dana Bash, con Bash cuestionando las afirmaciones del secretario de salud y Kennedy afirmando que Bash estaba equivocada. Aquí aclararemos los hechos.

  • Kennedy afirmó sin fundamento que la enfermedad de Lyme y las infecciones por el virus respiratorio sincitial provenían de investigaciones de laboratorio. No existe evidencia de ello, y estas enfermedades han afectado a los seres humanos desde hace mucho tiempo.
  • Estados Unidos no tiene “la tasa de mortalidad por COVID más alta del mundo”, como afirmó. Tiene la tasa más alta entre las naciones grandes y ricas, pero ocupa el puesto 14 entre todos los países, según un análisis.
  • Kennedy afirmó que tratamientos eficaces se vieron obstaculizados durante la pandemia del COVID-19, refiriéndose probablemente a la ivermectina y la hidroxicloroquina, como lo ha hecho anteriormente. Numerosos ensayos clínicos han demostrado que ninguno de estos fármacos mejoró los resultados en pacientes con COVID-19.
  • El secretario sugirió falsamente que las vacunas contra el COVID-19 no protegen a los niños del virus, pidiéndole a Bash que citara “un solo estudio que demuestre que los niños estaban protegidos”. Numerosos estudios han demostrado que la vacunación reduce las probabilidades de infección y de desarrollar una enfermedad grave entre niños y adolescentes.
  • Kennedy afirmó que “nunca había cuestionado la eficacia de la vacuna MMR”, la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola. Sin embargo, en algunas ocasiones, ha sugerido que la vacuna no era tan efectiva o que no era necesaria.
  • El secretario mencionó una supuesta relación no comprobada entre el uso de Tylenol durante el embarazo y el autismo. Si bien algunos estudios han encontrado una asociación, no establecen una relación causal, y un número creciente de estudios descartan al paracetamol como causa del autismo.
  • Kennedy afirmó erróneamente que los científicos no han probado otras vacunas, además de la MMR, para el autismo. Los científicos han probado numerosas vacunas mientras investigaban hipótesis específicas sobre cómo podrían causar autismo. Ninguno de los estudios ha demostrado una relación creíble.

Enviamos varias preguntas al Departamento de Salud (HHS, por sus siglas en inglés) sobre las afirmaciones de Kennedy, pero no recibimos respuesta.

Afirmaciones infundadas sobre el virus sincitial y la enfermedad de Lyme

Kennedy afirmó sin fundamento que dos enfermedades infecciosas, la enfermedad de Lyme y las infecciones por el virus respiratorio sincitial (VRS), surgieron de investigaciones de ganancia de función. Este tipo de investigación generalmente se refiere a experimentos potencialmente riesgosos en los que un virus u otro patógeno se vuelve más peligroso o transmisible en las personas. Sin embargo, los microbios que causan estas enfermedades han enfermado a los humanos desde hace mucho tiempo. No hay evidencia de que provengan de un laboratorio, y mucho menos de investigaciones de ganancia de función.

Kennedy también afirmó que la investigación sobre ganancia de función causó la pandemia del coronavirus. Como hemos informado anteriormente, no existe una prueba definitiva de cómo surgió el virus que causa el COVID-19, pero hay pruebas sustanciales que apuntan a un origen natural y no a una fuga de laboratorio. Los científicos nos han dicho anteriormente que es prácticamente imposible que el coronavirus haya sido creado mediante ingeniería genética; casi todas las agencias de inteligencia estadounidenses también han concluido que el virus no fue modificado genéticamente.

“Es evidente que la pandemia de COVID-19, y muchas otras pandemias mundiales, se originaron a partir de investigaciones de ganancia de función”, declaró el secretario del HHS. “La epidemia del VRS, que es hoy en día la principal causa de muerte infantil en este país, surgió de este tipo de experimentos. La enfermedad de Lyme casi con toda seguridad también se originó a partir de este tipo de investigación”.

“Las afirmaciones de RFK Jr. de que el VRS y la enfermedad de Lyme (causada por la bacteria Borrelia burgdorferi) surgieron de investigaciones de ganancia de función son indudablemente falsas”, nos dijo el Dr. Ferric Fang, médico-científico y microbiólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en un correo electrónico.

Kennedy lleva haciendo afirmaciones infundadas sobre el origen en laboratorio del VRS, la enfermedad de Lyme y otras enfermedades infecciosas desde antes de convertirse en secretario del HHS.

Fang afirmó que la bacteria transmitida por garrapatas que causa la enfermedad de Lyme tiene orígenes “antiguos”, “aunque la enfermedad de Lyme en humanos no se reconoció hasta la década de 1970”. Un estudio de 2012 muestra evidencia de la bacteria causante del Lyme en los restos del Hombre de Hielo del Tirol, de 5.300 años de antigüedad, encontrados en los Alpes, añadió. También señaló que una investigación genómica sobre bacterias de garrapatas recolectadas entre 1984 y 2013 indica que los microbios causantes de Lyme han estado presentes en Norteamérica durante aproximadamente 60.000 años.

La historia de la bacteria causante de la enfermedad de Lyme “deja muy claro que no surgió en un laboratorio”, dijo Fang.

El historial del VRS tampoco indica un origen de laboratorio.

Fang afirmó que el VRS está relacionado con un virus bovino y que las trayectorias evolutivas de las versiones humana y bovina del virus divergieron hace aproximadamente 450 años. Explicó que la evidencia genética también muestra que el VRS humano se dividió en dos subgrupos principales hace unos 250 años, antes de ramificarse aún más en subtipos adicionales.

“Comprender la historia evolutiva de un virus y observar las etapas intermedias permite darse cuenta de que surgió de forma natural y no fue una creación humana”, afirmó Fang. Añadió que muestras archivadas de tejidos humanos muestran evidencia de infección por el VRS “que se remonta a 1931”.

En 2021, Children’s Health Defense, la organización sin fines de lucro fundada y presidida por Kennedy que difunde información errónea sobre la vacunación, publicó un artículo que afirmaba que el VRS provenía de chimpancés utilizados para la investigación y el desarrollo de vacunas en un laboratorio, aunque no describía ninguna investigación sobre la ganancia de función. El artículo tergiversa la historia del descubrimiento del VRS.

“Un brote en chimpancés en el Instituto de Investigación Médica del Ejército Walter Reed en 1955 condujo al descubrimiento del VRS”, explicó Fang. Poco después, los investigadores identificaron el mismo virus en niños con neumonía. Sin embargo, los investigadores “finalmente concluyeron que los chimpancés en cautiverio habían sido infectados con el mismo virus adquirido de los humanos”, afirmó Fang.

“Dado que la colonia de chimpancés se encontraba en un entorno de investigación donde los animales se mantienen en un ambiente controlado”, escribieron los autores de un comentario de 2025, entre ellos uno de los científicos que descubrió el VRS, era plausible que los chimpancés se hubieran contagiado accidentalmente por humanos infectados que los cuidaban.

Además, contrariamente a lo que afirma Kennedy, el VRS no es “la principal causa de muerte infantil en este país” hoy en día.

“El VRS no es una causa importante de mortalidad infantil en Estados Unidos”, afirmó Fang. “Las principales causas de muerte en niños estadounidenses son los accidentes, los trastornos congénitos, el cáncer y el suicidio”, añadió, citando estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).

Históricamente, se ha estimado que el VRS causa la muerte de entre 100 y 300 niños menores de 5 años cada año. El virus era la principal causa de hospitalización en lactantes, aunque los datos indican que la introducción de las vacunas a partir de 2023 redujo las hospitalizaciones.

La tasa de mortalidad por COVID-19 en EE. UU. no es la más alta

Kennedy afirmó erróneamente que Estados Unidos tiene “la tasa de mortalidad por COVID más alta del mundo”. Bash refutó esta afirmación, señalando que “hay otros países con tasas de mortalidad aún mayores”. Bash tiene razón.

Según datos recopilados por la Universidad Johns Hopkins y su Facultad de Medicina hasta marzo de 2023, había 13 países con tasas de mortalidad más altas que Estados Unidos, cuando se miden como muertes por cada 100.000 habitantes. Algunos de esos países incluyen Perú (con la tasa más alta), Bulgaria, Hungría, Bosnia y Herzegovina, Eslovaquia y Lituania. Al utilizar la tasa de letalidad, que es muertes por cada 100 casos confirmados de COVID-19, más de 90 países tienen una tasa de mortalidad más alta que Estados Unidos.

Kennedy habría tenido razón si afirmara que Estados Unidos tuvo la tasa de mortalidad más alta entre las naciones grandes y ricas, como reveló un análisis del New York Times de 2022. El Times también constató que Estados Unidos tenía un porcentaje menor de personas completamente vacunadas en comparación con otros países ricos. Además, Estados Unidos tuvo el mayor número de muertes registradas, con 1,1 millones de personas.

Afirmaciones repetidas sobre medicamentos no probados para el COVID-19

Kennedy afirmó falsamente que tratamientos eficaces contra el COVID-19 se vieron obstaculizados durante la pandemia. Aunque no lo especificó, probablemente se refería al fármaco antiparasitario ivermectina y al antipalúdico hidroxicloroquina. Como ya hemos informado, Kennedy ha hecho afirmaciones similares sobre ambos fármacos, a pesar de que los ensayos clínicos no han encontrado evidencia de su eficacia contra el COVID-19.

“Si hubiéramos escuchado a esos médicos durante la pandemia del COVID, podríamos haber salvado millones de vidas”, dijo durante la entrevista con CNN. “Existían tratamientos eficaces. Había médicos que no registraban muertes por COVID y que, en algunos casos, trataban a miles de pacientes. Y no les hicimos caso. En cambio, hicimos lo contrario. Los silenciamos”.

Como ya hemos explicado, varios ensayos controlados aleatorios a gran escala (considerados el estándar de oro de la evidencia en medicina) han demostrado que ni la ivermectina ni la hidroxicloroquina redujeron la mortalidad ni mejoraron los resultados en pacientes con COVID-19. El gobierno federal financió algunos de estos estudios. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) autorizó brevemente el uso de emergencia de la hidroxicloroquina en 2020, pero revocó dicha autorización después de que un ensayo clínico y otras evidencias demostraran que era improbable que fuera eficaz para tratar el COVID-19.

La FDA aprobó otros medicamentos para el tratamiento del COVID-19, incluidos los antivirales Veklury (remdesivir) y Paxlovid, después de que se comprobara su eficacia en ensayos clínicos. 

Sugerencia falsa de que las vacunas contra el COVID-19 no benefician a los niños

En un momento dado, Kennedy interrumpió a Bash varias veces para sugerir, falsamente, que no hay pruebas de que las vacunas contra el COVID-19 protejan a los niños del virus. 

“¿Crees que la vacuna contra el COVID protegió a los niños?”, preguntó Kennedy a la presentadora de CNN, y añadió un momento después: “¿Puedes mostrarme un solo estudio que demuestre que los niños fueron protegidos por la vacuna contra el COVID? ¿Que esa vacuna les hizo más bien que mal a los niños? ¿Puedes mostrarme un solo estudio que lo demuestre?”.

Ya hemos escrito anteriormente sobre las declaraciones engañosas de Kennedy acerca de la vacuna contra el COVID-19 y los niños, en las que ha exagerado los riesgos de la vacuna al tiempo que ha minimizado los riesgos que el propio virus supone para los niños. 

Aunque los niños generalmente corren menos riesgo de contraer COVID-19 que los adultos, aún pueden enfermarse gravemente, y más de 1.800 niños estadounidenses han fallecido a causa de la enfermedad. Diversos ensayos clínicos y otros estudios han demostrado que las vacunas contra el COVID-19 reducen el riesgo de infección y de enfermedad grave entre niños y adolescentes. Por ejemplo, un estudio de 2024 estimó que, cuando circulaba la variante ómicron, los niños de 5 a 11 años que recibieron la vacuna de Pfizer-BioNTech tenían un 74% menos de probabilidades de tener una infección documentada, un 76% menos de probabilidades de desarrollar una enfermedad moderada o grave y un 85% menos de probabilidades de ser ingresados en una UCI con COVID-19. 

El propio sitio web de los CDC, en una página actualizada por última vez en junio de 2025, afirma que “las vacunas contra el COVID-19 ayudan a evitar que los niños se enfermen gravemente a causa del COVID-19” y que “muchos niños deberían recibir una vacuna actualizada contra el COVID-19”.

Como ya hemos escrito anteriormente, pueden producirse efectos secundarios graves relacionados con las vacunas, pero son extremadamente raros. 

Declaraciones anteriores sobre la eficacia de la vacuna MMR

En respuesta a las preguntas de Bash sobre los grandes brotes de sarampión en Estados Unidos durante los últimos dos años y si Kennedy asumía alguna responsabilidad al respecto, Kennedy dijo: “Nunca he cuestionado la eficacia de la vacuna MMR”. Eso no es del todo exacto.

Como pudimos comprobar al recopilar una cronología de los comentarios de Kennedy sobre el sarampión y la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola, es cierto que a menudo ha citado la alta eficacia de la vacuna para prevenir el sarampión. Sus críticas y afirmaciones inexactas sobre la vacuna se relacionan principalmente con su seguridad. Sin embargo, existen algunos casos en los que sugirió que la vacuna no era tan eficaz o que no era necesaria.

En 2021, Kennedy escribió en el prólogo de un libro de Children’s Health Defense, el grupo que fundó, que “los consumidores estadounidenses y mundiales de vacunas contra el sarampión” han sido “engañados por la industria farmacéutica y sus aliados gubernamentales corruptos, haciéndoles creer que el sarampión es una enfermedad mortal y que las vacunas contra el sarampión son necesarias, seguras y eficaces”.

The Measles Book desmiente esta propaganda”, continuó, afirmando que el libro “revelaría una enfermedad que rara vez pone en peligro la vida y una vacuna que es en gran medida innecesaria, pero que conlleva riesgos reales para los niños obligados a recibirla”. Dijo que los beneficios de la vacuna habían sido “exagerados”, una declaración que también hizo en septiembre de 2019 en una publicación en el sitio web de Children’s Health Defense. Más recientemente, en una entrevista con Fox News en marzo de 2025, Kennedy afirmó erróneamente que la efectividad de la vacuna MMR “disminuye aproximadamente un 4,5% por año”, afirmando que esta era una de las razones de los brotes de sarampión, junto con la falta de vacunación.

En la entrevista con CNN, cuando Bash le insistió en que mirara a la cámara y les dijera a los padres que vacunaran a sus hijos contra el sarampión, “porque es seguro y les ayudará a salvar la vida de sus hijos”, como lo expresó Bash, Kennedy dijo: “La vacuna contra el sarampión es eficaz. Previene el sarampión en aproximadamente el 97% de los casos. La gente debería vacunarse”.

Kennedy no afirmó que la vacuna fuera segura, pero los CDC declaran en una página web actualizada por última vez en abril: “La vacuna MMR es muy segura”. Sin embargo, otra página web de los CDC sobre el autismo, modificada por Kennedy el año pasado, pone en duda la sólida evidencia que demuestra que la vacuna MMR no está relacionada con el autismo.

La relación no comprobada entre el Tylenol y el autismo

Kennedy también mencionó una supuesta relación no comprobada entre el Tylenol y el autismo. Otros funcionarios de la administración, incluido el propio Trump, han hecho afirmaciones similares.

“Existen 73 estudios que vinculan la exposición al Tylenol durante el último trimestre del embarazo y durante el período perinatal con la aparición del autismo”, dijo Kennedy durante su entrevista con Bash. 

Como ya hemos informado, algunos estudios han encontrado una asociación entre el uso de paracetamol durante el embarazo y ciertas afecciones del neurodesarrollo, incluido el autismo. Sin embargo, estos estudios no establecen una relación causal, y un número creciente de otros estudios descartan al paracetamol como causa del autismo. Por ejemplo, un estudio reciente realizado con más de 100.000 niños en Hong Kong no halló ninguna asociación entre el uso de paracetamol durante el embarazo y el autismo una vez que se utilizaron hermanos para controlar las diferencias entre familias. 

Las principales asociaciones médicas, como la Sociedad de Medicina Materno-Fetal y el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos, siguen recomendando el paracetamol como el medicamento de primera línea para el tratamiento del dolor y la fiebre durante el embarazo. No tratar el dolor y la fiebre durante el embarazo conlleva riesgos para la madre y el bebé.

“Como ocurre con todos los medicamentos que se toman durante el embarazo”, aconsejan los grupos, “las pacientes deben usar la dosis efectiva más baja de paracetamol durante el menor tiempo posible”.

Tras un estudio exhaustivo, no se ha encontrado ningún vínculo entre el autismo y las vacunas

En un acalorado intercambio con Bash, Kennedy insistió erróneamente en que muchas vacunas no se han estudiado para determinar si podrían causar autismo. Si bien no se ha examinado cada vacuna individualmente, todas las principales hipótesis sobre cómo las vacunas podrían causar autismo se han puesto a prueba en numerosos estudios, sin que se haya encontrado ningún vínculo creíble con el autismo.

“Te han engañado. Tu afirmación de que esto se ha estudiado no es cierta”, le dijo Kennedy a Bash. “Es rotundamente falso”.

Hizo referencia a una revisión de 2012 del Instituto de Medicina, ahora la Academia Nacional de Medicina, que, según él, concluyó que “ninguna de las ocho vacunas que se administran durante los primeros seis meses de vida ha sido estudiada para determinar su relación con el autismo”. 

“Muéstrame uno de los estudios que se han realizado sobre las primeras ocho vacunas, las que se administran durante los primeros seis meses de vida”, le dijo a Bash. “No los encontrarás. La Academia Nacional de Ciencias afirma que no existen”.

Posteriormente afirmó que la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola, o MMR, es la “única” vacuna “que ha sido estudiada”. 

Esto es engañoso. Lo que probablemente Kennedy quiere decir es que muchas vacunas no se han probado individualmente para determinar si podrían causar autismo. Sin embargo, esto no significa que no se hayan probado en absoluto. De hecho, muchas se han probado en estudios que investigan ingredientes específicos de las vacunas, ya que así se sospechaba que podrían causar autismo.

Kennedy planteó un argumento similar cuando, en noviembre, modificó una página web de los CDC para afirmar erróneamente que”la afirmación de que las vacunas no causan autismo no está respaldada por evidencia científica, ya que los estudios no han descartado la posibilidad de que las vacunas infantiles causen autismo”. (Los CDC modificaron recientemente la página para intentar calmar al senador republicano Bill Cassidy, aunque el mensaje principal se mantiene).

Como ya hemos informado, los científicos parten de hipótesis específicas sobre cómo las vacunas podrían causar autismo. La vacuna MMR ha sido investigada exhaustivamente como vacuna individual porque la idea de que las vacunas pudieran causar autismo surgió con esa vacuna a raíz de lo que resultó ser un estudio fraudulento del investigador británico Andrew Wakefield.

Tras la atención inicial centrada en la vacuna MMR, las sospechas se desplazaron hacia ingredientes de las vacunas como el timerosal, un conservante a base de mercurio que estaba presente en varias vacunas infantiles en dosis muy pequeñas, principalmente antes de 2001, así como el aluminio, que se encuentra en pequeñas cantidades en ciertas vacunas no vivas para reforzar la respuesta inmunitaria.

Numerosos estudios que investigan estas hipótesis han analizado diversas vacunas infantiles, incluidas las que protegen contra la hepatitis B, Haemophilus influenzae tipo b (Hib), el neumococo (PCV) y la difteria, el tétanos y la tos ferina (DTaP). Ninguno de estos componentes ha mostrado relación con el autismo.

Sin embargo, otros estudios han analizado el calendario de vacunación en su conjunto, buscando cualquier indicio de que un mayor número de vacunas sea problemático. Estos estudios tampoco han encontrado ningún vínculo con el autismo.

Debido a la totalidad de las pruebas, muchos científicos se sienten cómodos afirmando que las vacunas no causan autismo, aunque no todas las vacunas se hayan probado individualmente y a pesar de que técnicamente es imposible decir si una vacuna no produce algún efecto.

De hecho, como señaló Bash durante la entrevista, las Academias Nacionales han coincidido con la declaración previa de los CDC, escribiendo en respuesta al cambio en el sitio web de los CDC en noviembre que “basándonos en nuestro trabajo sobre este tema y el abrumador consenso científico, apoyamos la afirmación de que las vacunas no causan autismo”.

Afirmaciones incorrectas sobre informe de la Academia Nacional

Cabe señalar que las afirmaciones específicas de Kennedy sobre el informe de la Academia Nacional de Medicina/Instituto de Medicina también son incorrectas. 

Según indicó, el informe “encontró dos estudios, uno sobre la vacuna DTP que demuestra que sí causa autismo, y otro sobre la vacuna contra la hepatitis B que también sugiere que sí causa autismo”, y añadió que el IOM “desestimó esos dos estudios porque se basaban en la base de datos de los CDC”.

El informe más reciente del grupo sobre los efectos secundarios de las vacunas, publicado en 2012, solo se encargó de investigar el autismo como posible efecto secundario de dos vacunas. No hizo comentarios sobre el autismo ni sobre ninguna otra vacuna porque no se le solicitó al comité que lo hiciera.

El estudio sobre la vacuna contra la hepatitis B de 2010 al que probablemente se refiere Kennedy, y que la página web de los CDC revisó en la sección “Kennedy destaca”, fue retractado en mayo, después de que un “revisor estadístico independiente concluyera que, debido a fallas metodológicas fundamentales, las conclusiones del estudio no son sólidas”. Entre otros problemas, el estudio basaba sus conclusiones en una muestra seleccionada de tan solo 31 casos de autismo.

Anteriormente, el estudio fue mencionado en una revisión de 2014 preparada para la Agencia para la Investigación y la Calidad de la Atención Médica, una subagencia del HHS. En otra revisión similar, publicada en Pediatrics, los mismos autores afirmaron que el estudio presentaba un “alto riesgo de sesgo y baja calidad”, al explicar por qué no consideraban que esto constituyera evidencia de que la vacuna causara autismo.

En cuanto a la vacuna DTaP, el informe del IOM de 2012 indicó que revisó un estudio que no consideró en su evaluación porque “proporcionaba datos de un sistema de vigilancia pasiva y carecía de una población de comparación no vacunada”. Dicho estudio, de 2004, no demuestra que las vacunas contra la difteria, el tétanos y la tos ferina causen autismo. 

En cambio, comparó los informes del Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS) para la vacuna anterior de células enteras frente a la vacuna acelular más reciente, en relación con una larga lista de posibles efectos secundarios, y descubrió que la vacuna anterior había registrado aproximadamente cuatro veces más casos de autismo que la vacuna más reciente durante un período de tres años. Como ya hemos explicado, cualquier persona puede enviar informes voluntarios al VAERS, independientemente de si es probable que la vacuna haya causado el evento. La vacuna más reciente ha sido la única administrada para ese conjunto de enfermedades desde 2001.

El estudio fue escrito por el Dr. Mark Geier y su hijo, David, quienes han publicado numerosos artículos que afirman que las vacunas causan autismo, los cuales han sido retractados o criticados por graves fallas metodológicas. Ambos dirigían una clínica que administraba un fármaco supresor de testosterona y otros tratamientos no probados a niños autistas, basándose, al menos en parte, en la idea errónea de que el timerosal presente en las vacunas causa autismo. Kennedy ha contratado a David, quien carece de un título avanzado en ciencias y fue multado por ejercer la medicina sin licencia, para analizar datos de seguridad de las vacunas para el HHS.

En 2004, cuando el IOM concluyó que la evidencia “favorece el rechazo de una relación causal entre las vacunas que contienen timerosal y el autismo”, los revisores señalaron que varios otros estudios de los Geier, que pretendían demostrar un vínculo con el autismo a través de las vacunas DTP o DTaP que contienen timerosal utilizando VAERS, tenían “graves limitaciones metodológicas que hacen que sus resultados sean ininterpretables”.


Traducción de Google Translate editada por Catalina Jaramillo.

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