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A Project of The Annenberg Public Policy Center
SciCheck’s COVID-19/Vaccination Project

Hasta ahora, las vacunas siguen siendo efectivas contra las variantes


This article is available in both English and Español

Compendio SciCheck

Hasta ahora, las vacunas contra el COVID-19 han sido efectivas contra las variantes del coronavirus. Los científicos están monitoreando la situación cuidadosamente, dejando abierta las posibilidades de nuevas vacunas o actualizaciones, de ser necesario. Las conjeturas publicadas en redes sociales que culpan a las vacunas por causar un inminente “desastre” con las variantes son predicciones hipotéticas que ignoran los beneficios de vacunas que han salvado vidas.


Historia completa

No es sorprendente que hayan surgido variantes del virus SARS-CoV-2 original, como hemos explicado anteriormente. Los virus mutan aleatoriamente conforme se reproducen y en el proceso crean  errores mientras el genoma se copia una y otra vez. 

Una mutación es un cambio a la secuencia genética de un virus, mientras que una variante es un virus diferente, generalmente con varias mutaciones. 

La mayoría de las mutaciones no alteran la biología del virus, los resultados clínicos o la manera cómo responde el sistema inmune del cuerpo. Pero a veces las mutaciones pueden resultar en una ventaja competitiva para el virus, en su capacidad para reproducirse o transmitirse, por ejemplo, o la efectividad que una vacuna o inmunidad derivada de un contagio pueda tener contra el virus.

El doctor Adam Lauring, profesor asociado del departamento de microbiología e inmunología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan, estudia la evolución de los virus. “Los virus son como gente jugando en máquinas tragamonedas”, nos explicó. “La mayoría del tiempo pierden cuando están mutando”. Pero con la pandemia de SARS-CoV-2, “hay muchas personas jugando en las máquinas tragamonedas”, así que las probabilidades de que alguien “gane el premio gordo” y surja una nueva variante con una ventaja competitiva son “mucho más altas”.   

Lauring dijo que necesitamos que haya menos gente jugando en las tragamonedas, o sea, menos gente contagiada y propagando el virus.

Lo bueno es que, hasta ahora, las vacunas autorizadas han sido altamente efectivas contra las variantes más preocupantes para los científicos.

Hasta el momento, los estudios sugieren que los anticuerpos generados a través de la vacunación con las vacunas autorizadas en la actualidad reconocen estas variantes”, dicen los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) sobre cinco “variantes de preocupación” dentro de los Estados Unidos. “Este aspecto se está estudiando atentamente y hay más investigaciones en curso”. 

Los CDC están usando tres clasificaciones para las variantes.

Una variante de interés es el nivel más bajo e incluye variantes que son asociadas con o que se prevé que afecten la transmisión, efectividad de anticuerpos, tratamientos o diagnósticos. Los CDC están monitoreando ocho de estas variables.

Una variante de preocupación, el siguiente nivel de cuidado, es una “para la cual existe evidencia de una mayor transmisibilidad, casos más graves de enfermedad (p. ej., mayor cantidad de hospitalizaciones o muertes), reducción significativa en la neutralización por los anticuerpos generados durante una infección anterior o la vacunación, menor efectividad de los tratamientos o las vacunas, o fallas de detección de diagnóstico.”, explican los CDC. Hay cinco de estas variables:  B.1.1.7, que apareció primero en el Reino Unido; B.1.351, identificada primero en Sudáfrica; P.1, identificada primero en Brasil; y B.1.427 y  B.1.429, dos variantes identificadas en California en febrero.

No existen variantes en el nivel de más cuidado de los CDC: variante de gran consecuencia. Para alcanzar ese nivel, tendría que haber “clara evidencia de que las medidas de prevención o las medidas médicas paliativas (MCM, por sus siglas en inglés) han reducido significativamente la efectividad con respecto a las variantes que circularon previamente”.

Si bien las vacunas autorizadas contra el COVID-19 (de Pfizer/BioNTech, Moderna y Johnson & Johnson en los EE. UU.), fueron diseñadas para proteger en contra del virus SARS-CoV-2 original, cuya secuencia genética fue publicada en enero, ese no es el virus que las vacunas terminaron combatiendo. Aun así, trabajaron extremadamente bien. Los ensayos clínicos mostraron que las vacunas de Pfizer/BioNTech y Moderna tuvieron una eficacia de al menos 94% en la prevención de casos sintomáticos de COVID-19, y la vacuna de Johnson & Johnson, autorizada más de dos meses después, tuvo una eficacia de 72% en la prevención de casos entre moderados y graves de COVID-19 en los EE. UU.

Estábamos en “la versión tres o cuatro del virus” cuando las vacunas comenzaron a ser distribuidas, dijo el doctor Michael Mina, profesor asistente de epidemiología en la Facultad T.H. Chan de Salud Pública de Harvard, durante una entrevista transmitida el 20 de abril por Facebook Live. “Ahora tenemos muy buenas pruebas para sugerir que varias de ellas son más transmisibles”, dijo sobre las variantes, lo cual pone presión para que las vacunas se distribuyan rápidamente. 

Y si bien la efectividad de las vacunas no es tan alta para algunas variantes que están circulando en este momento, dijo Mina, “no parecen tremendamente destructivas. No es como que estas variantes puedan franquear completamente los sistemas inmunológicos de la gente”.

Los estudios indican que las vacunas “funcionan muy bien” contra la variante B.1.1.7, nos dijo el doctor Paul Offit, director del Centro de Educación sobre Vacunas en el Hospital de Niños de Filadelfia y miembro del Comité  Asesor de Vacunas y Productos Biológicos Relacionados de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés). “Más preocupante”, prosiguió, son las otras variantes de preocupación, pero incluso en esos casos, las vacunas, así como la inmunidad natural, protegen en contra de “enfermedades críticas, graves” y “enfermedades moderadas, leves, aunque no tan bien”.

“Esa línea no ha sido cruzada”, dijo Offit sobre la protección en contra de enfermedades graves. Hasta la fecha, agregó, no estamos viendo una variante que evada las vacunas.

Pero en algunas partes de las redes sociales están circulando pronósticos sobre la posibilidad de una destrucción masiva, responsabilizando a la vacunación masiva por variantes que no podrán ser controladas por las vacunas.

En un artículo sobre estas conjeturas, Jonathan Jarry, comunicador de ciencia de la Oficina para Ciencia y Sociedad de la Universidad McGill, escribe: “Si estamos preocupados de que el virus mute para evadir la protección de las vacunas, la solución es vacunar a cuanta gente sea posible lo más rápido posible y eventualmente reformular las vacunas para neutralizar las variantes de preocupación que adquieran esta capacidad”.

“No estamos enfrentando una catástrofe inminente”, nos dijo Andrew Read, microbiólogo especializado en evoluciones y director de los Institutos Huck de Ciencias Naturales de la Universidad Estatal de Pensilvania, cuando le preguntamos sobre estas conjeturas. 

Cuando la gente vacunada es hospitalizada, los científicos pueden examinar el virus, y si está surgiendo una variante y no puede ser combatida con las vacunas actuales, éstas pueden ser ajustadas. Esto “ocurre con la gripe estacional todo el tiempo”, dijo Read. 

Monitorear la aparición de las variantes es “muy importante”, dijo, “pero no es motivo de pánico”.

Los hallazgos descubiertos por estudios

Dos tipos de estudios han calculado la efectividad de las vacunas autorizadas en contra de las variantes de preocupación: estudios de observación que analizan contagios y gravedad de enfermedades en el mundo real conforme las vacunas han sido aplicadas, y estudios de laboratorios que usan muestras de sangre de personas que se han vacunado o se han recuperado del COVID-19 para medir qué tan bien sus anticuerpos neutralizan a las variantes. 

Varios estudios han sugerido que las vacunas contra el COVID-19 son altamente efectivas contra la variante B.1.1.7, la cual surgió primero en el Reino Unido en septiembre y fue identificada en los EE. UU. a fines de diciembre, poco después de que las vacunas de Pfizer/BioNTech y Moderna fueron autorizadas en el país. Hasta el 24 de abril, era la variante más común circulando en los EE. UU., de acuerdo con el programa nacional de monitoreo genómico de los CDC. 

Un estudio preprint, que todavía no ha sido revisado por expertos, realizado por investigadores británicos halló que una dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech o de AstraZeneca era altamente efectiva para prevenir hospitalizaciones por COVID-19. El análisis, basado en estadísticas de 5,4 millones de personas en Escocia, alrededor del 99% de la población, fue divulgado a fines de febrero.

La primera dosis de la vacuna de Pfizer estuvo asociada con una reducción del  riesgo de hospitalizaciones de 85%, mientras que la vacuna de AstraZeneca estuvo asociada con una reducción de riesgo de 94%, ambas medidas entre 28 a 34 días de la primera dosis. Los hallazgos fueron comparables para aquellas personas de 80 o más años. Más de 1,3 millones de vacunas han sido aplicadas hasta el 18 de febrero.  

De la misma manera, en Israel, estudios de observación sobre la vacuna de Pfizer han sugerido que ésta protege contra la variante B.1.1.7.

Un estudio publicado el 24 de febrero en el New England Journal of Medicine evaluó la efectividad de la vacuna del 20 de diciembre al 1 de febrero usando un grupo de personas recientemente vacunadas y un grupo de personas no vacunadas, con 596.618 personas en cada grupo. El estudio mostró que la efectividad calculada a siete o más días después de la segunda dosis de la vacuna de Pfizer fue de 92% para contagios documentados, 94% para enfermedades sintomáticas, 87% para hospitalizaciones y 92% para enfermedades graves.  

El estudio halló que cerca de un 80% de los cultivos de SARS-CoV-2 correspondían a la variante B.1.1.7. días antes de que el estudio extrajo la información.

Esos hallazgos fueron avalados por otro estudio en Israel, publicado el 5 de mayo en The Lancet, que evaluó data del 24 de enero al 3 de abril y calculó que la efectividad de la vacuna de Pfizer, siete días después de la segunda dosis, fue del 95,3% contra contagios y del 91,5% contra contagios asintomáticos. El estudio calculó que 94,5% de los contagios fueron debido a la variante B.1.1.7.

En Catar, los investigadores usaron bases de datos nacionales de vacunaciones, pruebas de diagnóstico y características clínicas, y un diseño de estudio que evitó parcialidades de si la gente buscaba cuidado médico o no. La secuencia del genoma de los virus mostró que la mitad de los casos del COVID-19 en Catar del 23 de febrero al 18 de marzo fueron causados por la variante B.1.351 y casi la otra mitad por el B.1.1.7. Los investigadores calcularon que la efectividad de la vacuna de Pfizer, dos semanas o más después de la segunda dosis, en contra de cualquier contagio de la variante B.1.1.7. fue del 89,5% y para la variante B.1.351  fue del 75%. La efectividad en contra de enfermedades mortales, críticas o graves producidas por cualquier variante fue calculada en 97,4%.

Los autores, quienes describieron los resultados en una carta publicada el 5 de mayo en el New England Journal of Medicine, notó que si bien la efectividad contra la variante B.1.351 fue de unos 20 puntos porcentuales menos que la mostrada en los ensayos clínicos de Pfizer, la efectividad contra enfermedades graves “fue robusta, por encima de los 90%”.

Las estadísticas de los ensayos clínicos de la vacuna de Johnson & Johnson también dan una indicación de su efectividad en contra de las variantes B.1.351 y P.1, dado que estos incluyeron estudios basados en Brasil y Sudáfrica, donde esas variantes fueron identificadas en octubre y diciembre y desde donde se han propagado. Si bien la eficacia de la vacuna fue menor en esos países comparado a EE. UU. en los ensayos, la eficacia se mantuvo robusta.

En la población de EE. UU. la vacuna de J&J tuvo una eficacia de 72% en la prevención de casos entre moderados y graves de COVID-19 y una eficacia de 85,9% en la prevención de casos graves o críticos del COVID-19. En la población de Sudáfrica, esas cifras de eficacia fueron 64% y 81,7%, respectivamente. En Brasil, donde la eficacia fue similar a la de EE. UU: 68,1% en la prevención de enfermedades de moderadas a graves y 87,6% en la prevención de enfermedades severas o críticas. El ensayo clínico incluyó 44.325 personas en los EE. UU., Sudáfrica y Latinoamérica, registrados entre fines de septiembre y fines de diciembre.

Lauring nos dijo que era importante poner las cifras de estos estudios en contexto. Incluso la baja eficacia en contra de algunas variantes es superior al umbral establecido por la FDA para que las vacunas reciban autorización. “Hasta la fecha, la eficacia incluso contra las variantes parecen ser superiores al 50%”, dijo.

Los estudios  de laboratorios que miden las respuestas de anticuerpos han hallado que la vacuna de Moderna fue tan efectiva contra la  B.1.1.7 y menos, pero aún significativamente, efectiva contra la B.1.351, de acuerdo a estudios publicados que aún no han sido revisados por pares. Un estudio que tampoco ha sido revisado por expertos publicado el 9 de marzo por investigadores en California, evaluó a las dos variantes de preocupación en California y halló que éstas eran más transmisibles y tenían una “resistencia moderada” para ser neutralizada por anticuerpos entre pacientes que se recuperaron del COVID-19 y aquellos vacunados con Pfizer y Moderna, aunque la resistencia fue menor entre personas vacunadas.

“En general, el modesto declive del nivel de anticuerpos neutralizantes en personas vacunadas a la variante B.1.429 es una indicación de las robustas respuestas de anticuerpos neutralizantes derivadas de las vacunas de ARNm en medio de variantes bajo presión de selección inmunitaria”, dijeron los autores. 

Tales estudios no ofrecen un vistazo real de cómo el  sistema inmunitario de las personas responderá a un contagio fuera de un laboratorio. Además de los anticuerpos, las células T juegan un papel en la protección contra la enfermedad, y expertos dicen que eso podría opacar el efecto de las variantes. Pero tanto los estudios de observación como los de laboratorio han hallado efectividad reducida contra la variante B.1.351. 

Estudios de laboratorio realizados por investigadores de la Universidad de Columbia, uno publicado por Nature a principios de marzo y otro que aún no cuenta con revisión de pares publicado a principios de abril, hallaron que las variantes B.1.351 y P.1 eran más resistentes a respuestas de anticuerpos en personas que se habían contagiado y vacunado (con vacunas de Pfizer y Moderna). Para la variante P.1, “la magnitud de la pérdida fue modesta”, escribieron los investigadores. La variante B.1.351, fue “marcadamente más resistente” a la neutralización por anticuerpos. 

Los autores del estudio publicado en marzo advirtieron que si “se acumulan más mutaciones críticas”, las vacunas para el COVID-19 podrían terminar siendo parecidas a las producidas contra la influenza, las cuales se producen para gripes estacionales y varían de año a año en base a las cepas que tienen más probabilidades de propagarse. Las vacunaciones masivas ofrecerían protecciones contra eso. “Tales consideraciones requieren que frenemos la propagación del virus tan pronto como sea posible, redoblando nuestras medidas de mitigación y agilizando la distribución de vacunas”, escribieron.  

La estadística de la fase 2b del ensayo clínico de Novavax, publicado el 5 de mayo, mostró que su vacuna candidata tuvo una eficacia general de 49% en Sudáfrica. La compañía dijo que los cinco casos de enfermedades graves que registraron ocurrieron en el grupo de placebo.

Tanto Pfizer como Moderna están trabajando en mejorar sus vacunas para abordar específicamente la variante B.1.351. Pero Phil Dormitzer, vicepresidente y jefe de asuntos científicos de vacunas virales en Pfizer, dijo a Reuters en febrero que la compañía no estaba haciendo eso “porque pensamos que eso significa que vamos a tener que cambiar esa vacuna”. En cambio, “es principalmente para aprender cómo cambiar una cepa, tanto en términos de lo que hacemos a nivel de manufactura, como también y especialmente cuáles son los resultados clínicos. Así, si surge una variante para la cual hay pruebas clínicas de escape, estaremos listos para responder muy rápidamente”, dijo.

Qué pasa después

Tal como muestra la cita de Dormitzer, las compañías de vacunas están listas para crear dosis de refuerzos o nuevas vacunas si hay que responder a nuevas variantes, si surge una que evada significativamente la protección de las vacunas. Los expertos están monitoreando cuidadosamente lo que pasa con las variantes. Pero predecir el futuro es un negocio incierto.

Read, de los Institutos Huck de Ciencias Naturales de la Universidad Estatal de Pensilvania, nos dijo “vamos a ver un poco más de evolución asociada con la gente vacunada”. Pero pronosticar lo que ocurrirá “es muy complicado”.

Biólogos especializados en evolución son “buenos para explicar el pasado, no buenos para pronosticar el futuro” y la evolución “puede ir en todo tipo de direcciones”.

Sin embargo tales pronósticos, describiendo una “catástrofe” o “desastre” y responsabilizando a la vacunación masiva están circulando en línea y en las redes sociales. Los mensajes aluden a conjeturas hechas por Geert Vanden Bossche, quien dice ser asesor de vacunas, que tiene un título en medicina veterinaria y un equivalente a un doctorado en virología. (La Universidad de Hohenheim, Alemania, nos confirmó su doctorado en un mensaje electrónico).

Vanden Bossche escribió una carta abierta a la Organización Mundial de la Salud a principios de marzo que dice: “Por qué la vacunación masiva en medio de una pandemia crea un monstruo incontenible”. Él advierte sobre un “escape inmunológico viral” y hace un llamado al cese de la vacunación masiva.

En esa carta y otros documentos, él dice “hay pruebas masivas de que un escape inmunológico viral está amenazando la humanidad”. Vanden Bossche continúa diciendo que “se está volviendo cada vez más difícil de imaginar cómo las consecuencias de la intervención humana errónea y extensa en esta pandemia no van a erradicar grandes partes de nuestra población humana. Uno simplemente podría pensar en solo unas cuantas otras estrategias para lograr el mismo nivel de eficacia para convertir un virus relativamente inofensivo en un arma biológica de destrucción masiva”.

Vanden Bossche, quien ha sido acogido por sitios web en contra de la vacunación, aboga por usar vacunas basadas en células que son “asesinas naturales” (o células NK, por sus siglas en inglés), para las cuales dice estar haciendo investigaciones.

Offit nos dijo que tal vacuna sería “innovadora, un descubrimiento”.

Esas son células del sistema inmunitario innato, contrario al sistema inmunitario adaptativo que recuerda un virus y luego monta una respuesta si se expone nuevamente al virus. (Para más información, ver esta explicación de Jarry de McGill). “No hay una vacuna que haya sido hecha en este planeta que no haya tenido que provocar una inmunidad adaptativa a fin de ser protectora”, dijo Offit, agregando que a él le gustaría ver alguna evidencia de que tan solo estimulando células asesinas naturales “se pueda frenar la amenaza de un virus”.  

Hay más, mucho más, en documentos, preguntas frecuentes y en respuestas a sus críticos que Vanden Bossche ha publicado en línea.

Mensajes en redes sociales y Vanden Bossche, en su carta, resaltan su trabajo pasado en Gavi, una asociación internacional para vacunaciones e inmunización, así como en la Fundación de Bill & Melinda Gates. Ambos nos confirmaron que él trabajó allí: de 2015 a 2016 en Gavi, y de 2008 a 2011 en la fundación de Gates. Un portavoz de Gavi resaltó que Vanden Bossche ocupó un puesto temporal ayudando a la implementación del programa de la vacuna contra el ébola; su trabajo allí “no tuvo nada que ver con investigaciones de vacunas”.

Los expertos con los que hablamos dijeron que Vanden Bossche está equivocado al afirmar que “en la actualidad hay pruebas masivas de que un escape inmunológico viral está amenazando la humanidad”

Hay preocupación sobre un escape inmunológico viral, o lo que se conoce como escape de variante o escape mutante. Por lo que tal como ya mencionamos los científicos están monitoreando las variantes de SARS-CoV-2 y la efectividad de las vacunas. Pero los expertos rechazan la idea de retener vacunas que han salvado vidas por la posibilidad hipotética o teórica de que pueda surgir una variante capaz de evadir la inmunidad inducida por las vacunas o por la inmunidad natural.

“Tenemos una vacuna probada que previene enfermedades graves”, dijo Read. Retener “una vacuna que es capaz de salvar vidas por pronósticos teóricos … no me parece que es la manera correcta a proseguir”.

Read, cuya investigación sobre la enfermedad de Marek en pollos es citada en los materiales de apoyo que  Vanden Bossche tiene en su sitio web, dijo que la vacuna para la enfermedad de Marek es un “buen ejemplo donde la evolución sí socavó a las vacunas”, pero eso tomó 10 años para que pasara. Se cambió la vacuna y el problema “desapareció”.

En realidad las vacunas fallaron dos veces, pero “fallar en este caso no es algo malo”, explicó Read. Había escape viral, pero la vacuna todavía protegía a los pollos. Los granjeros tuvieron pérdidas en sus granjas, pero no fue catastrófico. “Aún así la industria estuvo mejor vacunada que no vacunada”, dijo. Y la tercera generación de la vacuna ha estado funcionando por 30 o 40 años.

Antes de la pandemia del COVID-19, Read y su colega David Kennedy escribieron en 2018 un análisis sobre la resistencia de las vacunas y cómo era “menos preocupante” que la resistencia a medicamentos. En seis casos de resistencia a vacunas que Read y Kennedy examinaron, “los extraordinarios beneficios de salud asociados con la vacunación se mantuvieron,mayormente”, escribieron. “Por lo tanto, sostenemos que la resistencia a vacunas es menos preocupante que la resistencia a medicamentos porque es menos probable que evolucione y cuando lo hace, es menos dañino para la salud y el bienestar de los humanos y animales”.

Para ser claros, una vacuna no hace que un virus mute. Tal como hemos explicado, las mutaciones ocurren aleatoriamente conforme el virus se multiplica. Pero si las mutaciones conllevan a una variante que es más contagiosa o no es controlada por la inmunidad natural o la inmunidad inducida por vacunas, muy bien podría convertirse en la variante dominante. Se propaga porque puede hacerlo. 

Lauring, de la Universidad de Michigan, quien estudia índices de mutaciones, dijo que el SARS-CoV-2 en general parece estar “acumulando mutaciones un poco más lento que la influenza pero probablemente más rápido de lo que nos gustaría en comparación a otros virus”. Debido a que el virus se está propagando ampliamente en varias partes del mundo, “hay más oportunidades para que el virus evolucione”, como la analogía de la máquina tragamonedas.

Lauring también nos dijo que si bien algunas variantes no son reconocidas muy bien por anticuerpos inducidos por vacunas, eso es diferente de “si alguien está protegido por la vacuna. … Nosotros desconocemos qué grado de cambio en el virus realmente hace que la vacuna no funcione”.

Y, agregó, no está claro que nivel de efectividad de la vacuna provocaría la necesidad de actualizar las vacunas. “Podríamos ser capaces de lograr bastantes avances” incluso con vacunaciones que son entre 60% y 70% efectivas.

La efectividad de la vacuna contra la influenza alcanzó el 60% una sola vez en los últimos 11 años. El promedio durante ese lapso fue 43,4%. “Si tuviéramos una vacuna contra la gripe que fuera 60% efectiva, estaríamos alucinados”, dijo Lauring. 

La sugerencia de que las vacunas han promovido el surgimiento de variantes “es absurda científicamente”, dijo Lauring. “Todas ellas surgieron antes de que hubiera vacunación generalizada”.

“Lo que realmente importa, lo que uno tiene que considerar aquí es el riesgo relativo”, nos dijo Matthew Ferrari, director de los Centros para Dinámicas de Enfermedades Infecciosas y profesor asociado de biología en la Universidad Estatal de Pensilvania.

Una mutación que escapa a la inmunidad puede surgir con o sin vacunaciones, explicó. La misma presión selectiva existe cuando la gente se contagia por el virus. Pero si no hay vacunación, mucha gente se enfermará. El beneficio de la vacunación es que la gente no se enferme.

“En un ambiente donde no hay vacunación, uno igual corre el mismo riesgo”, el riesgo de que una variante escape a la inmunidad, “y un sinnúmero de personas se enferme y muera”, dijo Ferrari.

Si los científicos sí comienzan a ver variantes que evadan la vacuna, “comenzaremos a darnos cuenta de eso”, dijo Read, y “las empresas de vacunas se encargaran de ello”.

“Lo que realmente no queremos”, dijo Mina, de Harvard, en abril, es tener “tantas variantes diferentes y cada una de ellas escapando la inmunidad de maneras sutilmente distintas”. Una solución es crear “más vacunas universales” que “pudieran proteger contra múltiples y diferentes linajes”.

Pero la necesidad potencial de nuevas vacunas en el futuro no quiere decir que haya alguna razón para retener la vacunación ahora. Las vacunas autorizadas son “vacunas muy seguras, muy potentes”, dijo Read. Él “no puede contemplar un panorama evolutivo en el que uno pudiera justificar no usarlas ahora”. 

Traducido por E.J. Támara.

Nota del editor: El Proyecto de Vacunación/COVID-19 de SciCheck es posible gracias a una beca de la Robert Wood Johnson Foundation. La fundación no tiene control alguno sobre nuestras decisiones editoriales, y los puntos de vista expresados en nuestros artículos no reflejan necesariamente el punto de vista de la fundación. El objetivo del proyecto es aumentar el acceso a información precisa sobre el COVID-19 y las vacunas, y reducir el impacto de información errónea.